viernes, septiembre 30, 2005
Aquellos tiempones
"Esta era una madrugada diferente de todas las anteriores hasta donde nos era posible recordar. El viento no soplaba, los pájaros no cantaban y no se escuchaba el habitual canto mañanero de los gallos que a lo mejor a esta hora estarían cantándole las mañanitas a Caifás. Nos despertamos a un mundo sin ruidos, apabullante, y nos entró temor.—Va a haber terremoto —sentenció Mincho, serio. El pueta no tenía que recurrir a sus artes adivinatorias para decir esto, pues desde el terremoto que acabó con Managua en 1972, que fue precedido por una ola de calor intenso y una enorme quietud, todo el mundo en Nicaragua asocia el calor y la quietud con los temblores de tierra."
Más de su historia en Aquellos Tiempones.
jueves, septiembre 29, 2005
Un encuentro con la Mona
Bueno dicen en el norte del país que los micos son personas que a través de oraciones se transforman en este animal para ir a las casas de las personas y robarles alimentos. Algunos dicen que las mujeres se transforman en monas, para ir a seducir a algún hombre que les guste y que no les hace caso. Dicen también que el mico es un espíritu malo y que la única forma de capturarlo es con semillas de mostaza bendecidas por algún cura, con agua bendita.
Una vez que venía de una vigilia Católica en un lugar llamado El Silencio, yo venía en una mula con un amigo a quien llamábamos Nicho. El era el dueño de la mula y me permitió montarla, ya que me dijo que él venía cansado de montar ya que venía de un lugar llamado Caña brava, a tres días de camino. Entonces cuando veníamos sobre el camino de tierra y hacia la derecha escuchamos unas risas que provenían del potrero. Nicho se hizo como que no había escuchado nada y a mi parecer eran niños que estaban jugando en el potrero a media noche. Yo siendo de la ciudad, para mí era muy normal que los niños estuvieran jugando a media noche. Entonces no me pareció extraño escuchar a esos niños... ayyy inocente de mi!
Al principio me puse nervioso ya que al meter la mano entre los colchones no encontré el arma, pero después con más calma la encontré en un lugar en el que no suelo ponerla, pero así con dudas me logré dormir a la una de la mañana. A las dos me desperté tras un raro sueño y en mi sueño sentía que en la oscuridad de mi cuarto había alguien más y yo sentía esa presencia. Esa sensación siguió aún estando despierto. Yo sentía que alguien estaba en el cuarto conmigo, pero no podía ver nada. De pronto escuché un silbido lejano y me acordé de las leyendas de los campesinos que decían que cuando el mico estaba muy cerca, el silbido se escuchaba muy lejos.
A mi parecer esto tenía todo el sentido del mundo, contrario a la noche tan rara que a mi juicio fue una noche sin sentido por los acontecimientos que no vi, pero sentí."
(Versión tomada directamente de Pablo Gutiérrez, guía turístico y recogida por Martha Isabel Arana)
Los misteriosos borrachos de El Crucero
Agradezco a un amigo del El Crucero quien amablemente me ha envidado una historia de esta zona, municipio del departamento de Managua, famosa entre otras cosas, por sus espantos y sus casas embrujadas. Aquí su relato:
"Yo soy de El Crucero o mejor dicho despues del terremoto mi familia tenía una casa allí, y me crié en dicho lugar. En el año 1984 tenía una novia en la zona central del pueblo, y acostumbraba a caminar kilómetro y medio diario, que al regreso a mi casa, me daban las diez, once de la noche, y los fines de semana me quedaba hasta las 4 de la mañana, porque hacían fiestas. En una de esas, un sábado, de por si el lugar es neblinoso por la altura, como a las 3 de la mañana, me encontré de frente como de largo de 20 metros, unas personas que venían, eran como cinco. Inmediatamente pensé en ladrones o pandilleros, pero eran unos borrachos, que venían cargando a uno de ellos. Me pasaron y después venían unos perritos negros caminando trás de ellos. Eran dos perritos del mismo tamaño, y cuando me pasaron, volví a ver atrás, y no había nadie. Me regresé corriendo para buscarlos a ellos y los perros y nada, se desaparecieron. Ahí fue cuando me dio miedo y corrí para mi casa que me faltaba ya poca distancia, para amanecer con fiebre al día siguiente.
Al año siguiente, salí para Estados Unidos. Estuve 16 años sin regresar a mi país. Cuando logré arreglar mi estadía migratoria, lógico regresé. Un día manejando, de Managua, la capital, hacia donde yo vivía, El Crucero, a mitad del camino en plena montaña, hay una quinta, o casa de montaña, llamada Quinta Angélica, muy famosa por fenómenos que se presentan en ella. Está a la orilla de la carretera. Pues venía sólo en el carro, y como de costumbre, siempre neblinoso el lugar, venía a una velocidad alta, y de pronto se presentaron cuatro tipos como borrachos, cargando a uno en hombros y detrás unos 2 perritos negros, caminando paralelamente. Eran las personas y los perros del año 1984. Volví a ver, pero esta vez no paré, sólo vi por el espejo retrovisor, y no vi nada. En ese momento sentí como si alguien estuviera montado en el carro. Lógico, como tuve mucho miedo, para relajarme puse el radio, y estaban haciendo propaganda a un ron, el cual se oían voces de personas borrachas y al final unos perros ladrando. De verdad que nunca había oído un comercial tan raro. Terminando el comercial se desintonizó la señal y sentí algo normal. La sensación se había ido. Seguido de esto si recé un padre nuestro. Pero si les digo señores, en esa zona de managua al El Crucero pasa algo, hay muchas historias, pero esta me sucedió a mí y no es cuento."
Son varias las personas que conozco que me cuentan que al pasar cerca de la Quinta Angélica, especialmente cuando hay mucha neblina en la carretera, han sentido de súbito una presencia maligna en sus carros, provocando temor y ansiedad el cruzar esa zona.
El día que voló el barrilete más grande del mundo
"(Carlos) Recuerda que su padre le había contado la historia de un mitómano de Somoto, que aseguraba haber fabricado el barrilete más grande del mundo, derribando un árbol de guanacaste para hacer las varillas, consiguiendo cincuenta yardas de lona, comprando en la mecatera de Managua cuerda ancha de barco para elevarlo, y había hecho volar el barrilete al fin, según decía, dándole cuerda con un malacate de pozo para que resistiera.
Al lanzamiento del barrilete asistieron las autoridades civiles, eclesiásticas y militares de Somoto, así como la banda filarmónica, pero tan gigantesco era el barrilete, que había peligro de que se derribara el templo de la ciudad, y entonces la orquesta filarmónica se colgó de la cola con todo sus instrumentos para dar estabilidad a aquella bestia que por fin se encumbró, ante el estupor del pueblo entero. La idea era que los músicos bajaran en el cerro El Picudo, pero el mecate se rompió y el barrilete se fue volando y volando, con todo y los músicos colgados de él.
Mi barrilete de colores
quiso volar tras de tus montes
se reventó por la cuchilla
y se alejó
buscando el horizonte
Al día siguiente llegó un telegrama dirigido al alcalde de Somoto que decía: 'Señor alcalde. Gracias por la serenata. Los músicos se encuentran bien. Parten en mula a las cinco de la mañana. Firma: Párroco de Totogalpa."
Nicaragua
miércoles, septiembre 28, 2005
Un relato escalofriante
"Nací en Managua un 29 de noviembre, y nos fuimos a vivir a León que queda a hora y media para llegar. Andábamos buscando una casa para rentar y encontramos una bien bonita. Me recuerdo que era grande, de techo alto, las puertas antiguas y partidas por la mitad. Si querías la podías abrir por la parte de arriba...gran portón, bonita vecindad. Yo jugaba mucho con mis vecinas. Soy amigable, sociable, positiva, llena de optimismo, siempre. Había un parque que se llama San Felipe con su iglesia al lado. Eso se acostumbra en todo Nicaragua. Todos los fines de semana, me levantaba con el ruido de las campanas de la iglesia resonando, clin, clin. Me encantaba ir a misa todos los domingos, soy muy creyente a Dios y me levantaba siempre feliz, inocente de cualquier malicia y miedo que pudiera tener. Vengo de padres divorciados, pero eso nunca me importó, siempre fui madura para mi edad. Lo que me importaba era el amor de mi mamá y mis hermanos. Eramos y somos unidos hasta la vez. Somos 4 hermanos en total, yo soy la cumiche, de familia trabajadora. Mi hermana empezó a trabajar de temprana edad de secretaria. Mi mamá trabajaba todo el día y otros dos hermanos iban a la escuela. Yo estaba en la primaria en la mañana en El Colegio La Recolección y mis otros dos hermanos iban en la tarde a la secundaria en el Instituto Nacional Máximo Jeréz.
Cuando mis hermanos iban a la escuela, me quedaba sola en casa a la edad de 8 años, no le tenía miedo a nada, nunca supe lo que era un susto y hasta un buen día en aquella época...Acostumbrábamos a comprar cinco pesos de frijoles cocidos por las tardes. Después venía uno y los cocinaba en su casa a su gusto, y los hacíamos gallo pinto, el plato original de nuestra patria Nicaragua y de los pobres...
Un día, mamá me manda a comprar los dichosos frijoles y estaba enojada con ella, no me dejaba jugar afuera... y llego a la venta de Doña Yolanda Ortiz, famosa por ser vieja en el Barrio San Felipe, todo el mundo la conocía. Una vez que saliendo de comprar de la venta, caminando en las cuadras de León, porque eran largas y muy solitarias, ese día venía sola.
No había nadie en esa cuadra solo yo. Cuando estoy caminando, siento que alguien me viene siguiendo. Pero como no tenía miedo, no volteo a ver. Pero siento algo feo dentro de mi cuerpo y empiezo a temblar... algo tan fuerte dentro de mí... que cuando decido para ver... veo un hombre completamente todo de rojo. Tenía cachos con dos colmillos salidos. Me miraba a mí y me seguía. En una de sus manos tenía todos los residuos de su estómago, con mucha sangre por todos lados, ensangrentado como pidiéndome ayuda, y siguiéndome muy rápido. Cuando lo veo, se me salió el corazón y salgo corriendo a toda prisa hasta llegar a mi casa.
Cuando entro a mi casa, cierro rápidamente la puerta. Mis hermanos estaban en la casa. Me vieron pálida y me preguntaron qué me pasaba. Les expliqué lo del hombre y cuando ellos abren la puerta, no vieron nada. Pero solo fueron segundos, segundos en que se demoraron en abrir la puerta de la casa. En abrir y en cerrar, se desapareció. En un abrir y cerrar de ojos ¡el hombre ya no estaba! Se desapareció. Fue extraño para mí, nunca más se me apareció. Fue una experiencia que no deseo volver a vivir. Sentí todo mi cuerpo extraño y llena de miedo.
Esto en mis 40 años que tengo, nunca a nadie se lo había contado. Fue una experiencia muy fea. Sigo muy Católica. Soy madre de 2 niñas lindas y felizmente casada gracias a Dios... y en nombre de mi país Nicaragua, les mando este relato."
- Anónima
Querida Anónima: Antes que me mandaras el relato te había dicho que le iba a agregar otras vivencias que me han contado, pero al fin, decidí dejarlo como estaba. Intacto, simplemente copiado y contado con tus propias palabras. Me recordaste muchas cosas de la patria, las iglesias, la comida, las calles largas de León... Mil gracias por compartir en el blog este relato. Espero que otras personas lo disfruten tanto como yo. ; )
Y aprovechando la ocasión, les deseo a todos los que llevan a sus niños a pedir dulces, un feliz y seguro Halloween...!
martes, septiembre 27, 2005
El cuidado de una hija
Cuentan en León que una señora viuda sumida en la depresión de perder a su única hijita, cayó con el tiempo en una profunda tristeza y soledad. Su mal se fue agravando a tal grado que no quería levantarse de la cama, y mucho menos encontrar fuerza en su delgado cuerpo para pedir ayuda e ir en busca de un doctor.En su enfermedad se lamentaba que no tenía nadie quien cuidara de ella, y lloraba pensando que seguramente moriría sin remedio, sin un alma que se apiadara de su condición, por ser pobrecita y por vivir en una casita lejos de la ciudad.
De pronto tres golpes secos en la puerta interrumpieron sus pensamientos, y un médico asomó su sonrisa joven en el cuarto cubierto de tristeza. Le explicó el buen hombre que una niñita de 6 años aproximadamente había ido hasta su casa en mitad de la noche para avisarle de la gravedad de su madre.
La señora se asustó y palideciendo exclamó que no era posible, su única hija había muerto trágicamente hace un año. Temblorosa señaló el único retrato de la niña, limpio de polvo y debidamente colgado en la pared.
Ella- dijo el galeno con sincero asombro- fue ella la que preocupada llamó a mi puerta y dijo que la cuidara...
jueves, septiembre 22, 2005
La historia de Don Chon Centeno
Esta experiencia vivida por don Asunción Centeno, es verídica, según me cuenta mi buen amigo Freddy Sequeira "El Travieso". Aquí su relato, tal y como lo leí en sus escritos.
"Hola amigas y amigos. Como de muchos es sabido, yo nací en la humilde comarca de Las Pozas, municipio de Sébaco, departamento de Matagalpa, donde no había ni luz eléctrica, ni nada de eso. Recuerdo que los candiles algunas personas los hacían de botellas de kola shaler, esa bebida deliciosa ?la recuerdan? pues por las tardes, después de llegar de las labores diarias en el campo, muchas amistades de mi padre se reunían a tomar café con rosquillas y rosquetes. En esas comarcas siempre existen los rezadores y ellos son invitados a distintas comunidades cercanas a la nuestra; el rezador más famoso se llama Asunción Centeno y todos le decimos "Don Chón". Una noche él regresaba de otra comarca de oficiar un rosario de una persona que había fallecido, serían como la una de la madrugada, él pasaba frente a mi casa y frente a mi casa, está la iglesia de la comarca, la Iglesia de la Concepción de María. Cuenta él, que cuando ya había caminado unos 100 metros le dio un escalofrío como que algo se aproximaba...de repente... se escuchó un estruendo como que se derrumbó el altar mayor de la iglesia y empezó a escuchar el sonido de los vidrios que cayeron. El se puso más nervioso y entonces fue cuando escuchó unos pasos fuertes del altar hacia la puerta. Dice don Chon que se quedó parado, con sus pies muy pesados, y no los podía mover. Estuvo así como 5 minutos. Cuando pudo caminar, salió corriendo a su casa y pasó dos días con calentura de ese tremendo susto. Pero lo más curioso fue que cuando mandó a ver lo que había pasado en el altar y cuando mi papá entró a la iglesia, todo estaba en su sitio. Espero mi historia no la tomen como un simple cuento porque si es una realidad."
Muchas gracias Freddy por compartir tu historia en mi blog. Espero que continués enriqueciendo este sitio con esas historias interesantes que suceden en nuestras comarcas.
-Colaboración de Freddy Sequeira
domingo, septiembre 18, 2005
El jinete de El Viejo
Mi buen amigo Alvaro Salazar, por ejemplo, recuerda nítidamente lo que le sucedió hace algunos años en su natal El Viejo, municipio del departamento de Chinandega.
"Me pasó hace como 15 años atrás, como a las 3 de la mañana, allá por el Río El Viejo. No sé, fue como un sueño, algo extraño. Veníamos como 5 amigos de unos 15 años de edad platicando de carreta naguas, mocuanas y cosas así, cuando de repente sentimos que alguien nos venía siguiendo. Pensamos que no estábamos solos, pero cuando volteábamos a ver, no mirábamos a nadie. Pero seguíamos con esa sensación que algo nos acompañaba. Cuando llegamos a una esquina algo iluminada, esa sensación se quitó. Pero al entrar nuevamente en lo obscuro, allí estaba la presencia otra vez. Cuando llegamos al Puente Limón en El Viejo donde está la Escuela Jacoba Andino, un lugar oscuro, vimos en una esquina a una persona montada en un caballo. Me dijo uno de mis amigos que ahora vive en Miami que seguramente eso era lo que sentíamos. Sólo pudimos ver un jinete negro. En lo que menos pensamos, el jinete desapareció. Muchos, cuando contábamos esta historia, nos decían que solo pura tapaderas éramos nosotros, pero de verdad que esa sensación nunca la había sentido. Eso es algo que sólo Eduardo García, Reynaldo Franco, Ronald y Reynaldo Plazaola, los gemelos, y yo que pasamos por eso sabíamos. Las dos veces que fui a El Viejo nos reunimos y platicamos sobre eso, de que fue lo que nos salió y el porqué, pero para mí es es algún alma que anda suelta, digo yo. Esto no es leyenda ni relato de lengua."
La Carreta Nagua de la Calle Candelaria
"La carreta Nagua se desplaza sola, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada" me relata Don Denis Rocha. "La leyenda de la carreta Nagua fue traída por aquellos que vinieron de México cuando poblaron las tierras de Nicaragua. Se trata de una carreta que se desplaza sola, sin boyero, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada. La leyenda con el tiempo paso a ser parte del folclore nicaragüense.
La primera vez que oí hablar sobre la Carreta Nagua fue cuando vivíamos en la Calle Candelaria, una de las pocas calles pavimentadas de la vieja Managua. "Si no te volvés a dormir" me dijo mi madre sentenciándome, "voy a abrir la puerta para que te lleve la Carreta Nagua." Era de madrugada, la claridad estaba todavía muy tenue para poder distinguir los objetos. De repente oí un ruido extraño que venía de la calle, parecido al golpeteo de una rueda que da contra el pavimento. El sonido convenció a mi mente infantil que efectivamente en ese momento estaba pasando el mencionado armatoste fantasmagórico que transportaba a los niños mal portados. La treta que usó mi madre para amedrentarme dio el resultado esperado, pues a partir de ese momento ya no volví a molestar y me eché a dormir. Desde esa fecha el incidente quedó grabado para siempre en mi subconsciente. "
The first time I heard of La Carreta Nagua was when we lived at Candelaria Street, one of the few paved streets of old Managua. "If you don't go back to sleep" scolded my mother "I am going to open the door so the Carreta can come and get you." It was at daybreak, the light was still very tenuous to be able to distinguish the objects. Suddenly I heard a strange noise that came from the street, similar to the bumping of a wheel against the pavement. The sound convinced my youthful mind that indeed, the Carreta was there, ready to take all the naughty children. The words of my mother were very effective because I stopped bothering her and went back to sleep. From that that day on, this incident was forever engraved in my mind.)
viernes, septiembre 16, 2005
Los recuerdos del abuelo
He recibido una carta muy agradable de Diana quien me cuenta que habiendo leído las historias de este sitio, ha disfrutado aprendiendo acerca de las leyendas de Nicaragua. Ella, al igual que muchos nicas, emigró hace muchos años, cuando aún era pequeña, y no tuvo la oportunidad de conocer la cultura del país que la vio nacer.
Foto: Cadejo por Efren Medina
(Versión tomada directamente de Diana, una muchacha de Miami y recogida por Martha Isabel Arana)
domingo, septiembre 11, 2005
La mona de La Mocuana
Mujeres brujas que en las noches se convierten en espeluznantes pesadillas, y que al día siguiente retoman su cuerpo y repiten la misma historia al anochecer para horror de los vecinos, quienes llenos de miedo escuchan como salta de rama en rama o se sube a los techos de las casas aprovechando los inmensos chilamates.
"Eso de la mona es verdad" cuenta la señora Alma. "Bueno te lo dijo porque después del terremoto nos fuimos a la finca km. 171/2 carretera a Tipitapa, un lugar que le decían La Mocuana. Me acuerdo que un día murió un señor. Eso pasó al fondo de un pueblito bien adentro, y casi todo el pueblo fue a verlo. Cuando veníamos de regreso todo era obscuro. Teníamos que pasar por un río, y entonces se oían en las ramas de los árboles como si alguien andaba. Cuando en eso miramos a una mona y cuando la vimos, corrimos hasta llegar a la casa donde ella nos acompañó. Bueno te platico esto porque me dieron ganas de compartirlo".
El Cadejo de Campo Bruce
"El Cadejo era un perro grande, que la mitología indígena le había adjudicado colores para representar el bien y el mal. Cuando vivíamos en el Barrio Campo Bruce, que para ese entonces era un sector boscoso, lleno de potreros porque todavía no había sido lotificado completamente, la recomendación de mi madre era que llegara temprano a la casa porque me podía topar con el Cadejo Negro, el cual decía la gente, patrullaba las calles del sector a altas horas de la noche y atacaba a los trasnochadores que encontraba a su paso. Pero podía suceder también que el noctámbulo en vez de encontrar al Cadejo Negro, se topara con el Cadejo Blanco que era el bueno, porque no atacaba a la persona y más bien la escoltaba hasta su casa para que llegara sana y salva. Algunas personas que traficaban de noche por el barrio, juraban haber sido escoltadas por el Cadejo Blanco cuando alguna vez se lo encontraron, otras aseguraban haber sido seguidas por el Cadejo Negro, pero la oportuna aparición del blanco lo había ahuyentado."
jueves, septiembre 08, 2005
El cadejo blanco de la Comarca Las Pozas
"Hola…Señorita Brenda, ¿cómo está?"
Ella respondió "muy bien Carlos y usted?"
"Yo bien" le dijo él, "quisiera saber si la puedo acompañar a su casa?"
"Claro" dijo ella, "solo que mamá es muy celosa y delicada con los que me pretenden."
Dijo Carlos, "Oh… pero yo no le tengo miedo ni al cadejo, mucho menos a su mamá."
"Así?" respondió ella, "bueno recuerde que mi mamá no será tan peligrosa como el cadejo pero si es muy enojada."
Pero lo que mi tía no sabía era que Carlos andaba con una botella de "Cusuza" entre pecho y espalda, por lo tanto se sentía con mucho valor el hombrecito. "Bien" dijo mi tía "mejor llegue dentro de una hora para que hable con mamá a ver si nos da permiso de platicar" "Está bien llegaré," dijo Carlos. Dicho esto, se montó en su caballo y se fue para donde Doña Tana a tomarse otro waspirolazo de cusuza para agarrar valor. Como a las 7pm se apareció donde mi Abuelita Máxima, más conocida como "Doña Manchita". Llegó rayando su caballo…
"Buenas Noches Doña Manchita" -dijo Carlos
"¡Buenas Noches Don Carlito!, pase adelante…está en su casa" dijo mi abuelita.
Ella estaba sentada en un viejo taburete de madera forrado con cuero crudo de ganado, escuchando las noticias en el viejo radio receptor marca "National" ¿lo recuerdan esos radios? Bien. Carlos se bajó del caballo, lo amarró a un árbol de tigüilote y se sentó. "¿Como está su familia?" dijo mi abuelita. "Muy bien, gracias" respondió Carlos. Bueno, siguieron conversando, le ofrecieron el acostumbrado cafecito con rosquillitas y empanaditas rellenas con cuajadas y dulces. El guaro empezaba a bajársele a Carlos y nada que se animaba a pedirle permiso a mi abuelita para platicar con mi tía. Se hizo bien noche, los perros empezaron a ladrar y Carlos ya casi bueno, sin guaro y con síntomas de goma, pensando en el viaje a su casa que estaba más o menos a 10 kilómetros de allí, dijo: "¡bueno Doña Mancha! me tengo que marchar." Le dijo mi abuelita "¡quédese y se va por la mañana!, ese camino puede ser peligroso más con eso que se dicen del Cadejo blanco." "No Doña Mancha, mejor me voy; gracias por todo, hasta otro día…" mi abuelita le dijo "bueno Carlito, que Dios lo acompañe". Se montó a su caballo, la luna estaba como si fuera de día, clarita. Para llegar a su casa, Carlos tenía que pasar por las cercanías del cementerio. Carlos pensó "me tomaré unos tragos donde doña Tana, aunque a esta hora no creo que me venda guaro, ya casi son las 12 de la noche…pero lo intentaré." Pasó por la vieja casa de doña Tana, la despertó y por una ventana le compró una botella de cusuza, con un manguito célequito, agarró la botella se la empinó casi toda…montó su caballo y siguió su camino. De repente, escuchó unos pasos, volteó hacia atrás cuando miró venir un animal blanco de la estatura de un perro. Carlos pensó que debía ser un perro. En un segundo lo tenía a la pura par de él…pero ya la botella lo tenía mareado. Se hizo de lado izquierdo para tocarlo con su mano y no le pudo tocar nada, parecía una oveja de esas que parecen puro algodón, hasta ahí. Comenta que no se acuerda de nada más. Cuando se despertó estaba en el cementerio acostado sobre una tumba y eran las 4 de la mañana. Se levantó desconcertado y con aquella goma, temblado del miedo y el frío, salió al portón de madera y su caballo estaba amarrado al poste principal de la entrada al cementerio. Muchas personas en ese momento pasaban por el lugar en sus caballos con rumbo a la ciudad de Sébaco. Ellos vieron que algo le había pasado. Cuentan estas personas que estaba pálido, sin habla, en un solo temblor. Los campesinos lo ayudaron a montar a su caballo y lo pasaron dejando por su casa. De pronto estaba con fiebre de tercer grado y muriéndose también de la goma. Los padres, familiares y amigos esperaron hasta dos días después que se recuperó para darse cuenta de lo ocurrido. El bonito final de esta historia es que Carlos Mairena se casó con mi Tía Brenda. Hoy en día son padres de cinco hijos. Mi abuelita Máxima, más conocida como "Manchita" aún Dios me la conserva con vida, es la única abuelita que me queda. Agradezco su atención a está historia, muchas gracias."
miércoles, septiembre 07, 2005
Recuerdos de un suceso en el Valle La Cal
"En un valle llamado La Cal del departamento de Jinotega, vivían diez familias, la mayoría de apellido Centeno. Las diez familias estaban agrupadas de la siguiente manera, seis casitas en la ladera de la montaña y cuatro en el llano. En la casa de mis Padres, que estaba entre las cuatro casas del llano, vivíamos, aparte de los 12 hijos, mis dos padres y un tío llamado Juan Centeno quien era hermano de mi Madre.A principios del año 1920 Clemente Centeno Blandón (hermano de mi Padre) se casó con una mujer llamada Juana Sobalvarro, la cual procedía del valle llamado Jocomico, cercano al poblado de Sacalí (popularmente conocido ahora como Sacaclí). Clemente había construido una de las seis casitas del grupo de seis y al casarse él con la Juana, se la llevó a vivir a La Cal junto con la hija que ella tenía llamada Rumalda. Desde que la Juana se asentó en La Cal se dio a la tarea de informarle a los habitantes del caserío que ella era una bruja y que tenía poderes de hacer maleficios.
Con el tiempo, se fue consolidando su fama de Hechicera ya que se comentaba en los alrededores que diversas personas que se habían atrevido a contrariarla, habían muerto repentinamente producto de enfermedades raras que se le atribuían a hechizos practicados por “la Juana”. Nadie se atrevía a ofenderla o buscarse una enemistad con ella por miedo a que ella se ensañara contra el ofensor o algún miembro de la familia de éste. Tal era el miedo que le profesaban a “la Juana Sobalvarro” que por un lado, nadie visitaba su casa la cual estaba siempre custodiada por un par de perros bravísimos y por otro lado siempre que se hacía alguna actividad en el valle, ya fuera la celebración de algún rezo, o una fiesta por cualquier motivo, tenían que invitarle a ella y su familia. Y ya en la actividad, ella y su familia ocupaban los lugares de mayor importancia y sobre todo al momento de repartir la comida y el guaro, ellos tenían que ser los primeros en ser servidos, porque si así no sucedía, ella junto a su familia se levantaban y se iban del lugar hacia su casa, lo cual significaba un seguro y certero maleficio para el que la invitó a la actividad y no le sirvió de primero.
Resulta que Juan Centeno (mi tío), se había casado con la Rumalda (hija de “la Juana”), pero no sé por qué razones, él ya no vivía con ella y vivía con nosotros en la casa de mis Padres. En una ocasión, esto es allá por el año 1933 o 1934 que mi tío frecuentaba a una muchacha de apellido Gutiérrez Rizo que vivía en el valle de Las Mesitas, que está a una distancia de una legua de La Cal.
Mi Tío Juan era un hombre a quien le gustaba salir a cazar durante el día, él utilizaba una escopeta de doble cañón propiedad de mi Padre. En una ocasión, ya siendo de noche, él venía de regreso hacia la casa desde las Mesitas, con la escopeta al hombro y su cutacha al cinto. Cuando llegó al cruce del camino de Jinotega – La Cal, él divisó en la penumbra de la noche que alguien venía de Jinotega e iba hacía la Cal. Como no había luna llena le era difícil distinguir quien era, pero podía distinguir por el caminado y la silueta que se trataba de una mujer alta y de pelo largo que llevaba un gran fardo sobre la cabeza. Juan Centeno aligeró el paso para alcanzar a la persona, porque de seguro era alguna conocida, ya que a esa hora de la noche y sobre ese camino, solo podía ser alguien que viviese en La Cal. Pero en la medida que él aceleraba o desaceleraba el paso la figura que iba adelante también aceleraba o desaceleraba el paso.
Faltando unos 2 ½ kilómetros para llegar a La Cal, al llegar a un gran palo de anona, el camino se bifurcaba para luego unirse varios metros después. El tramo que giraba hacia la derecha tenía un acantilado a su lado y por el otro extremo (el lado izquierdo) del camino estaba un cerco de piedra que separaba el camino de unos breñales. La figura tomó por la derecha del camino, Juan Centeno tomó por la izquierda. Pero al pasar el palo de anona se percató que la figura que el venía siguiendo ya no se veía camino arriba, sino más bien alcanzó a distinguir un bulto acurrucado al otro lado del palo. Juan Centeno pensó que podía ser su amigo Miguel Mairena, un cuñado de él muy dado a hacerle bromas.
Acercándose un poco a la figura agachada Juan Centeno dijo:
- Quien está ahí? Identifíquese o si no ahí le van las balas a la cuenta de tres .... uno ... dos .... y .....En ese preciso momento la figura que permanecía agachada se incorporó de un salto emitiendo un fuerte gruñido y se abalanzó sobre Juan. Este sorprendido por la acción de la figura trato de cargar la escopeta que todavía traía al hombro agarrada con la mano derecha por la culata, pero la figura se abalanzaba sobre él tratando de arrebatarle la escopeta. Juan, con su mano izquierda libre, sacó su cutacha y comenzó a esgrimirla contra la figura, la cual sin mostrar ningún deseo de retroceder seguía lanzando manotazos a Juan.
Mientras Juan trataba de esquivar los ataques de la figura, alcanzó a ver que era alguien o algo mucho más alto que él, con gran fuerza en los brazos, tenía la cara y las orejas de macho y el cuerpo cubierto como de tuzas de olote trenzado y emitía gruñidos guturales. Era una especie de animal que él nunca había visto. Juan retrocedía al acoso del animal y se percató que esa cosa trataba de llevarlo al borde del acantilado. El al identificar las intenciones del animal comenzó a rezar, pidiéndole a Dios que lo librara de ese mal trance. Al momento que Juan invocó el nombre de Dios, el animal aminoró su ataque y comenzó a retroceder. Juan aprovechando la aparente debilidad del animal seguía agitando con mayor agresividad su cutacha a diestra y siniestra sin dejar de rezar. El animal seguía retrocediendo y en una parte pedregosa del camino el animal trastabilló lo que le dio oportunidad a Juan de montar la escopeta y accionarla.
El disparo rompió el silencio de la montaña propagándose hacia todos lados. Mi Padre que en ese momento se encontraba cerca de la cocina donde mi madre cocía unos frijoles dijo:
- Esa que sonó ahí, es mi escopeta, que habrá cazado Juan?
Al momento del disparo, el animal emitió un fuerte alarido y relinchó con furia a la vez que salía brincando hacía atrás. De un gran salto se voló el cerco de piedra y se metió al espeso breñal, no muy lejos de ahí como a unas 200 varas en dirección a un potrero, un pájaro cantó de forma siniestra: có có có có có có có có có có có có ..................
Juan enfundó su cutacha y cargó nuevamente la escopeta y comenzó a correr hacia La Cal. Ya en la casa de mi Padre, como a los 20 minutos que se escuchara el disparo, llegó el tío Juan todo agitado, uno de mis hermanos le abrió la puerta y le preguntó:
- Tío, que fue lo cazó?
A lo que él respondió :
- Acabo de tirar una cegua
Al escuchar eso, todos agarramos varas de ocote encendido para alumbrar mejor la estancia y le hicimos rueda al tío Juan para escuchar su asombroso relato. A la mañana siguiente antes de que aclarara el día, todos salimos hacia el lugar de los hechos referidos la noche anterior por el tío Juan.
Al llegar al palo de anona pudimos distinguir claramente en el polvo del suelo, las huellas de los caites de hule que utiliza el tío Juan así como pisadas de bestia de doble pezuña. También pudimos observar en una peñita un par de señas que dejaron los perdigones. Cerca del cerco de piedras, justo en el lugar donde el tío Juan dijo que la cegua se lanzó hacia el breñal, había gran cantidad de pelos blancos como de cabro, así como grandes mechas negras de crin de bestia.
Como el acceso hacia el breñal era difícil, se comenzó a buscar huellas a lo largo del cerco de piedras camino abajo. A unas 200 varas, en dirección a donde había cantado el pájaro la noche anterior, el breñal disminuía para dar paso a un potrero que tenía el pastizal bastante tupido el cual llegaba hasta la rodilla. En el centro del potrero se encontró apisonado gran parte del pastizal y nuevamente gran cantidad de mechones de pelo blanco y crines largas negras. Aparte de eso, no se encontró huellas ni rastros de la bestia por ningún otro lugar.
Meses después de ese suceso, la Rumalda mandó a llamar a mi tío para que llegara a su casa. El le comentó tal petición a mis Padres. Mi Madre quien era su hermana le aconsejaba no ir porque pensaba que lo querían para hacerle algún mal o para matarlo. Mi Padre (su cuñado) pensaba diferente y le aconsejó presentarse, ya que si querían hacerle algún mal ya se lo hubieran hecho y si en el peor de los casos querían matarlo pues la familia no se quedaría con los brazos cruzados. Mi tío se presentó a la cita y tiempo después se reconcilio totalmente con la Rumalda y se fue a vivir a la casa de ella.
El tiempo fue pasando y el asunto de la tirada de la cegüa no se volvió a comentar hasta que un tiempo después, el Dr. Gabriel Cifuentes, quien vivía en la ciudad de Jinotega, le preguntó a una muchacha llamada Ubalda que trabajaba para él lo siguiente:
- Ve, vos chavala, vos que vivís por ahí por La Cal, contame, no sabés si todavía vive la Juana Sobalvarro?
- Si doctor, por qué lo preguntá?
- Es que hace tiempo ella vino aquí para que la atendiera por que tenía un bala metida en la rodilla y no supe al final quien fue quien la baleó.
Ubalda, no le comentó nada al doctor sobre eso, pero ella sabía muy bien de que se trataba ya que ella era mi tía, hermana de Juan Centeno."
Esta historia es verídica, según la narra el Señor Jaime Jesús Centeno Centeno quien fue testigo de este suceso. Los personajes son también reales, por supuesto:
Clemente Centeno Blandón: Hermano de Jerónimo Centeno (Padre de Jaime Jesús) y esposo de Juana Sobalvarro
Juana Sobalvarro : Presunta cegüa, mamá de Rumalda y suegra de Juan Centeno
Juan Centeno Blandón : Hermano de Ubalda y Valeriana del Carmen (Madre de Jaime Jesús), y esposo de Rumalda (hija de Juana Sobalvarro)
Rumalda : Hija de Juana Sobalvarro y esposa de Juan Centeno (tirador de cegua)
El cuento de la Toma-tu-teta de los Cedros
Carolina Sediles recuerda con inmenso cariño esos momentos en que de niña, su abuelo compartía historias con ella y su familia. "Fijate que mi abuelo se ponía a contarnos a todos los nietos historias y leyendas como la de la Llorona, el Cadejo y esas cosas, pero él no perdía oportunidad para echar a andar su imaginación, contando historias que él se inventó. Era el tiempo de la guerra, época en que nadie trabajaba y estábamos toda la familia, tíos, primos, hermanos, sobrinos, nietos, en fin todos en un solo lugar, un lugar fuera de la ciudad.
Me imagino que para distraernos y para distraerse él, nos juntaba a todos los chavalos y nos contaba cuentos...que cuentos! y el cuento que pasó a la historia en nuestra familia fue éste: Es como una parodia de la Llorona. Se llama la Toma-tu-teta. Cuenta mi abuelo que había una mujer en Los Cedros (carretera vieja a León, donde viví por muchos años) que le habían robado a su hijo recién nacido. La mujer se volvió loca de la desesperación porque no encontraba a su chavalito y con eso de que las mujeres producen leche materna y se le agrandan los pechos a causa de la leche, pues la mujer entre el dolor de no encontrar a su hijo y el dolor de los pechos que era insoportable, se volvió loca. Lo único que hacía es que cada vez que miraba un chavalo, pensaba que era el suyo y andaba por la carretera llamando a las chavalitos y diciéndoles: "toma tu teta...toma tu teta...toma tu teta" con los grandes pechos de fuera y haciéndolos tomar la leche de sus pechos. Bueno la historia yo trato de contarla lo más decentemente posible, pero mi abuelo no reparaba en usar las palabras que normalmente usaría un nicaragüense mal hablado. El asunto es que esa historia era el último cuento de la tarde y sólo se levantaba y salía corriendo y diciendo, corran, corran que ahí viene la tomatuteta! y salíamos todos los chavalos en guinda para la casa."
- Colaboración de Carolina Sediles
(This is the tale of the "Take-your-teat" from Los Cedros (The Oaks)
Tales are something like magic links that connect generations through generations. It is very popular here in Nicaragua to hear people saying that among all the details that they remember the most, they are from their childhood. They are the memories of the grandpa, the grandma, the nanny, the older neighbors, that would tell amazing stories that would make them travel to a mysterious worlds full of adventures.
Carolina Sediles remembers with great affection those moments as a little girl when her grandpa would share fables with her and the family. Let me tell you how my grandpa used to tell us tales about "the crying lady" (La Llorona), the evil dog and so forth. He wouldn't miss any opportunity to use his imagination. He would tell us all kinds of stories that he came up with. It was war time. Nobody worked and all the family were together: the uncles, the cousins, brothers, nieces, nephews, grandchildren, everybody in one same place, outside the city.
I think that in order to entertain us or to entertain himself, he would gather all the children around him to tell stories. The tale that passed through history in our family is this: It's like a parody of the "crying lady" and it was called "the take your teat". Grandpa would tell us that there was a woman who lived in Los Cedros (The Oaks) in the old road to León where I used to lived for many years. Her new born baby was stolen from her. She got crazy of despair because she couldn't find her little baby and since women produce milk when lactating and their breast get bigger because of the milk, well, between the pain of her breasts full with milk and the loss of her poor baby she lost her mind, she became demented. All she would do every time she saw a little kid on the street, was to think that, that was her lost baby and she would walk on the road calling them and saying "take your teat! take your teat! take your teat!", with her big breast hanging out, making them drink from them. Well, I tried to tell the tale in a decent possible way, but my grandpa wouldn't pay attention to the words he used, like a typically bad mannered Nicaraguan would use. The truth of the matter is that this tale would always be the last one of the evening and he would get up an run after us saying: "run, run because the take-your-teat is coming!" and would run as much as we could into the house.)
-Translated by Francisco Jarquín
martes, septiembre 06, 2005
La promesa del más allá
Eso precisamente, le sucedió a la abuelita de mi buena amiga Didi, quien me narró la siguiente historia:
"Esto me fue contado por mi abuelita que en su vida le sucedieron cantidad de cosas. En su infancia mi abuelita solía jugar con una vecina que vivía al cruzar la calle de su casa. Un día entre juego y juego, la niña, que no recuerdo su nombre, le preguntó a mi abuelita si ella creía en los espiritus y mi abuelita le dijo que no le hablara de esas cosas porque a ella le daba mucho miedo, pero la muchachita siguió insistiendo, hasta que le dijo … si yo me muero Monchita (así se llama mi abuelita) te voy a salir y me voy a sentar en tu cama.
Al oir eso mi abuelita le suplicó que no lo hiciera y se fue corriendo a contarle a su mamá quien le dijo que no hiciera caso, que solo la estaba molestando. Al cabo de unos días la amiga de mi abue cayó gravemente enferma y murió. Mi abue no fue al velorio porque su mamá le dijo que estaba muy chica para andar en esas cosas y la dejó al cuidado de su abuelita. Cuando ella se acostó sintió de repente que algo se sentaba en su cama. Cuando levantó la cabeza vió a su amiga que la miraba fijamente. Dice que fueron segundos, pero que para ella fueron interminables, y ella recuerda que llamaba a su abuelita, pero que nadie la escuchaba. Empezó a rezar suplicandole a su difunta amiga que la dejara tranquila y de repente desapareció, dejándola a ella con alta fiebre y un susto que jamás pudo olvidar.
Te cuento que mi abuelita siempre nos decía que nunca hagamos ese tipo de promesas, porque el día que uno se muere tiene que cumplirla."
Por eso amiga, mejor no andar prometiendo nada. No vaya a ser que tengamos una experiencia parecida. Gracias Didi, me imagino que interesante habrá sido escuchar todos estos relatos en tu niñez de boca de tu abue!
(Versión tomada directamente de una señora chinandegana y recogida por Martha Isabel Arana)
lunes, septiembre 05, 2005
Cuentos de Ceguas
domingo, septiembre 04, 2005
El Diablo me salió viniendo de Altagracia
Anécdotas como la siguiente abundan en nuestro país. Son muchos los que cuentan que han visto espantos de todo tipo caminando como si flotaran, y hasta pidiendo raid o aventones a los que transitan por allí. Especialmente en la noche, cuando la oscuridad y la soledad parecieran disfrutar siendo cómplices de las carreteras y caminos desolados donde estas apariciones macabras parecieran andar en pena.Mi amiga Carol me compartió esta historia ocurrida en una conocida carretera hace algunos años:
"Nosotros vivíamos en el kilómetro 28 1/2 de la carretera vieja a León. La familia de mi papa vivía en Altagracia. Después del colegio mi papá nos llevaba a mis hermanos y a mi a la casa, y él se regresaba a Altagracia, sobre todo los fines de semana que salía a tomar con sus hermanos y amigos. Pues él cuenta, que en una de esas salidas, ya regresando a la casa a media noche, se detuvo en una cantina a tomarse la última cerveza. Cuando se iba a subir a su microbús, un señor humilde, así sencillo como de campo, pero con unas uñas largas, le pidió un aventón, y mi papá decidió llevarlo. El cuenta que iban platicando amenamente hasta que llegaron a la casa y cuando volteó a decirle al señor: " hasta aqui llego amigo", sin haber detenido el microbús, ni mucho menos escuchado ruido de la puerta ¡cual fue su susto que el viejito ya no estaba!
En ese momento las no se cuántas cervezas que se había tomado se le fueron ¡quién sabe adonde! Hasta ahora a mi me suena como que fue producto de la borrachera, pero de la misma manera en que yo sostengo eso, él sostiene que no fue borrachera y que lo que pasó es que ¡le salió el diablo! Yo recuerdo que esa noche él nos despertó para contarnos lo que le había pasado y la verdad no se miraba tan borracho. Claro con semejante susto ya hasta de goma estaba, pero el asunto es que él sigue contando la misma historia sin perder detalle y asegura que eso sucedió de verdad."
Los cuentos de don Mariano
Un caballo cadenero y una vaca cachona es lo que asegura don Mariano Escorcia Pineda vio en su juventud, durante alguna noche fresca en las décadas pasadas de San Ramón, pueblecito al norte del departamento de Matagalpa. Don Mariano nació en 1927 e insiste que tiene edad suficiente para conocer algo de lo que usted quiera saber. ...“A mí me contaban que en San Ramón, después que todo el mundo cerraba sus puertas y apagaban sus candiles, se escuchaba en la calle principal el relincho de un caballo que al galopar arrastraba unas cadenas, la gente valiente se asomaba y no miraba nada...En cierta ocasión que alquilé una casa sobre esta calle, en tiempos de la primera 'Reina', yo lo comprobé. Una noche oí que ese caballo se metía en mi solar, escuché como que se sacudían las cadenas cuando le quitaban la albarda... pero cuando me asomé no había nada... Era un fenómeno invisible, sólo se oía el resoplido del caballo y el sonar de las cadenas al ser arrastradas.
Una petición inusual
El señor Denys Rocha me proporcionó este relato acerca de una inusual petición que recibió una costurera vecina, en alguna noche tibia de aquellas hermosas de nuestra tierra. Muchas gracias mi estimado Denys por compartir tus recuerdos. Debo admitir que mi curiosidad no cesó hasta llegar al final de la historia."Había una costurera que pasaba cosiendo hasta altas horas de la noche en su casa de tablas que estaba frente a la entrada trasera de la nuestra, al otro lado del callejón. Una noche que estaba trabajando con la puerta abierta, se presentó una mujer pelo largo a solicitarle le hiciera un vestido. Era una petición inusual por lo avanzado de la noche. La costurera dijo después, que la mujer trataba de esconder el rostro con el pelo y que su voz era débil y casi apagada. En aquel momento, dice que sintió repelos y escalofríos en todo su cuerpo ante la súbita aparición de aquel extraño ser. Inmediatamente se levantó de su asiento donde estaba sentada y le pidió a la mujer que saliera porque iba a cerrar la puerta y que regresara al día siguiente. Cuenta la costurera que cuando la mujer dio la vuelta para salir, vio como el espantajo se desvanecía poco a poco mientras caminaba, hasta convertirse en una mona. Desde entonces, nos dijo, "he dejado de trabajar de noche y para evitar futuras apariciones diabólicas he puesto palmas benditas en las puertas de la casa."
(Versión tomada directamente de Denys Rocha y recogida por Martha Isabel Arana)
Foto: "Madre Nicaragüense" - Acrílico sobre tela, Hilda Vogl
sábado, septiembre 03, 2005
La maldición del zopilote
"Me cuenta mi abuela que eso de ser calvo no se debe a la herencia genética, ni a ninguna enfermedad o microbios en el cuero cabelludo, y que los que están pelados de la frente, únicamente se debe a la maldición de el zopilote. Cuenta ella que en los años de 1930-35 en el rastro (matedero) había un zopilote que se pasaba el dia entero comiendo de las tripas y demás porquerías que los que cortaban en padazos las vacas o cerdos botaban en la basura.
Que los muchachos espantaban a los zopilotes tirándoles piedras y que muchas veces algún zopilote era herido en la cabeza por alguna pedrada.
Así fue que un buen dia un zopilote fue matado a pedradas y antes de morir el zopilote dejó como herencia a la viejita las patas para bordón (bastón con que se sostienen al caminar) y alos viejos les dejó lo pelado de la frente, y es por tal motivo de esta herencia maldita que a muchos hombres la calva les llega hasta la espalda y como al zopilote les brilla al sol lo pelado de la cabeza. Y si usted no quiere creerme hasta una canción del folklor le han dedicado, escúchele y después me dice si o no."
¡Es muy cierto señor Anibalnic12! Nuestro folclor contiene una canción cuya letra habla del zopilote, a quien lo llevan a enterrar. En mi niñez, jugaba con mis amigos y cantábamos esas estrofas, y repetíamos... ya el zopile murió, ya lo llevan a enterrar y a fulanito le dejó una..... mencionábamos el nombre de todos los niños del grupo e inventábamos que el zopilote les había dejado de herencia a cada uno, las cosas más inverosímiles posibles.
Gracias Anibal, no conocía esta historia!
viernes, septiembre 02, 2005
La culebra y la señora
jueves, septiembre 01, 2005
De porqué comemos Indio Viejo
Los primeros habitantes de las islas del lago Cocibolca, habían llegado del Anahuac en busca de la tierra prometida. Habiéndola encontrado se habían instalado en ella y la llamaron Ometepetl que quería decir Dos Cerros.
Maritza Corriols
"La Leyenda del Indio Viejo"
La Prensa Literaria, 10 de agosto, 2002

