Fragmento escrito por Humberto Osorno Fonseca
La Noticia - 27 de agosto de 1946
A don Sinforoso Nata (Sevilla) le salió el diablo
en una ocasión de la manera siguiente: una hermosa noche de verano en
que había una espléndida luna, don Sinforoso había salido junto a sus
amigos con guitarras, mandolina y violín para poner serenatas a las muchachas bonitas, cosa que hacían todas las noches porque eran aficionados a la música y unos terribles enamorados.
Una noche, como a las dos o tres de la madrugada, los parranderos se separaron por el barrio de El Rastro y tomaron el camino a sus casas, pero don Sinforoso, que vivía al otro extremo
de la ciudad, tenía una larga travesía y, al pasar por donde estaba la
Casa del Águila, en la esquina opuesta reconoció una enorme piedra que
arrastró hasta allí la corriente cenagosa del aluvión.
Vecina a esa piedra estaba una casa mediagua en cuya puerta reposaba
sentada una hermosa mujer peinando sus largos cabellos negros. Al verla,
don Sinforoso, que era un empedernido tunante, se dirigió a ella y,
después de saludarla de manera romántica, comenzó a requerirla bajo la
espléndida luz de la luna sin que le rechazara una sola palabra, ni los
manoseos aplicados a la bella desconocida. Entonces don Sinforoso la
invitó a dormir porque era muy noche. Ella pronto obedeció y se levantó
del asiento, que metió dentro de la casa, diciéndole al Romeo que pasara adelante.
No terminaba aún de hablar cuando don Sinforoso había entrado y al abrir
los brazos para abrazarla, la hermosa mujer se transformó en una enorme
llamarada de fuego y de pronto desapareció. El tunante quedó impávido,
sin poder hablar. Haciendo las cruces, salió corriendo y rezando las
oraciones que se sabía. Al alcanzar las trescientas varas, desde la
mediagua se oían grandes jajayos de mujer y resonaron en el silencio
fuertes voces que decían: “Adiós Sinforoso Nata, que ni el diablo se te escapa,
Fragmento tomado de Cuentos de la Managua antigua, articulo de Francisco Gutierrez Barreto
END, 19 de octubre de 2006.
Foto: Skyscrapercity

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