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La Cegua

Escrito por Alberto Sánchez Arguello 18 de Julio de 2010 

Viernes a la media noche en Managua, los hijos de empresarios y políticos compiten con motos modificadas en carretera Masaya. La zona Hipos se infla de comensales que engullen varios salarios mínimos entre cócteles y boquitas; en las gasolineras circulan los que peregrinan entre bares y fiestas, hacen filas para sus recargas telefónicas y se llevan una que otra lata de cerveza para la jornada de desvelo que les espera.
En la subida de la loma, agotando las cunetas con sus tacones, los travestis y las prostitutas hacen sus recorridos conocidos. Precios variables inversos a la experiencia, tal vez una de las pocas transacciones en que la juventud encarece el precio.
Y eso es lo que busca Fernando, recién vuelto de sus negocios en Guatemala, ya quiere probar la nueva mercadería. Pero él sabe donde encontrar lo que busca y pasa de lejos plaza inter acelerando hacia el Lago en su Lexus sin placas.
El no quiere lo usado, su…

El Breviario de Jeshúa

El Breviario de Jeshúa (Extractos de la novela: “El Breviario de Jeshúa”, escrita por Juan Espinoza Cuadra)

Capítulo I (Lucrecia, no Lucero)
Eran las 8:00 de la noche, y caminaba apresuradamente hacia mi casa. Distaba de mi destino por aproximadamente 6 cuadras. Caía una pertinaz llovizna. Debutaba el invierno lluvioso de Centroamérica. Mis zapatillas tennis chapoteaban los numerosos charcos dejados por la lluvia. Ésta había iniciado a las 5:00 de la tarde. Para esa hora aún me encontraba en el bar con un viejo amigo. -Otra y nos vamos-, -La lluvia debe menguar pronto-. Decidí ver la caratula de mi reloj pulsera y me percate lo tarde que era. Lucero tenía el pelo largo como una cascada de lava. Su delgadez semejaba un túnel de nubes. Sus ojos particularmente negros no dejaban espacio para que la noche se escapara de sí misma. Hacía dos meses que estaba de regreso en el país. A ella no regrese jamás.
Pero esa noche de lluvia topé de frente con su imagen, disfrazada de tentación.…

Nos cayó agüita en mayo

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"Si no volviera a escuchar el canto de mi pueblo ni el acento alegre hecho canción qué el son de tus guitarras vigile mi destino guardando el sueño eterno arrullador..."

Este pasado domingo los nicas del sur de California tuvimos un encuentro personal con la flor más linda de nuestro querer.   Se compartió con amigos y compatriotas música, danza y comida.  Sobre todo, se recordó a Nicaragua, se soñó con ella, casi la pudimos tocar.

El Señor Don Carlos Mejía Godoy nos cayó como agüita de mayo en esta sequía de encuentros con la patria.  Nos hizo sentir nuevamente parte de aquella tierra que dejamos atrás hace muchos años.  Nos cantó los famosos estribillos de antaño que traen consigo recuerdos de niñez y nos hizo reír con su picardía y canciones más recientes, con burritos trabajadores pero sensuales, con mapas tatuados y Clodomiros modernos.  Con nuestras voces de acentos ya variados, demostramos que aunque pasen los años, Nicaragua sigue siendo nuestra.  Aunque mayores y más c…

Las noches del 79 y el platillo volador

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Escrito por Martha Isabel Arana Fullerton, California
20 de abril del 2012



Todo había pasado por nuestro repertorio de niños con futuro incierto que se entretenían a jugar para no sentir.  Benottos y Shoppers, hula hoops, los huevos en las esquinas, sal y pimienta, stop, 123 queso.  Tardes de rayuela y Harold Lloyd colgado en su mundo blanco y negro de un reloj.  Un Monopolio viejo secuestrado del armario de alguien, patines de hierro con frenos azules, el cero escondido, el pegue corrido y también el congelado.  Ya habíamos asaltado el parque, jugado jacks, hecho varias excursiones de inspección a las futuras etapas del reparto y visitado la casa de los fantasmas, la que tenía un arbolito enfrente, que era la primera de la cuadra.  Habíamos cazado mariposas y contado cien de los mejores chistes en las aceras cálidas del barrio.  Nos habíamos aprendido de memoria el LP de Grease, en una jerga que cantábamos al unísono igualita según nosotros al inglés. Habíamos practicado lo…

La muerte del pájaro azul

La muerte del pájaro azul
Escrito por Juan Espinoza Cuadra México Jueves Santo de MMXII

-¡¡Lo mataron!!-, fue la exclamación desconsolada, expresada por Don Chuy al escucharlo aquella mañana, luego de los acontecimientos. –No tuvo ninguna oportunidad el Poeta-; sus palabras calaron entre el silencio de los presentes. Todos se habían reunido en torno al promontorio de tierra, en cuyo interior se encontraba depositado el cuerpo. Bajo el frondoso árbol de aguacate, acomodadas en círculo, trozos de piedras de diferentes tamaños, custodiaban el entierro. Con el fin de identificar el sitio, una mujer bastante adulta y regordeta, y un joven de unos 20 años, espigado como el tallo de una azucena, colocaron la palabra “Poeta”.
Previo a los combates callejeros, el parque del fraccionamiento donde colocaron los restos humanos, era un lugar de esparcimiento, donde por las tardes, los niños jugaban al fútbol y los adolescentes, bajo los árboles, confiaban su amor al maletín lleno de ilus…