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Mostrando las entradas etiquetadas como Verso y prosa

Las noches del 79 y el platillo volador

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Escrito por Martha Isabel Arana Fullerton, California
20 de abril del 2012



Todo había pasado por nuestro repertorio de niños con futuro incierto que se entretenían a jugar para no sentir.  Benottos y Shoppers, hula hoops, los huevos en las esquinas, sal y pimienta, stop, 123 queso.  Tardes de rayuela y Harold Lloyd colgado en su mundo blanco y negro de un reloj.  Un Monopolio viejo secuestrado del armario de alguien, patines de hierro con frenos azules, el cero escondido, el pegue corrido y también el congelado.  Ya habíamos asaltado el parque, jugado jacks, hecho varias excursiones de inspección a las futuras etapas del reparto y visitado la casa de los fantasmas, la que tenía un arbolito enfrente, que era la primera de la cuadra.  Habíamos cazado mariposas y contado cien de los mejores chistes en las aceras cálidas del barrio.  Nos habíamos aprendido de memoria el LP de Grease, en una jerga que cantábamos al unísono igualita según nosotros al inglés. Habíamos practicado lo…

La muerte del pájaro azul

La muerte del pájaro azul
Escrito por Juan Espinoza Cuadra México Jueves Santo de MMXII

-¡¡Lo mataron!!-, fue la exclamación desconsolada, expresada por Don Chuy al escucharlo aquella mañana, luego de los acontecimientos. –No tuvo ninguna oportunidad el Poeta-; sus palabras calaron entre el silencio de los presentes. Todos se habían reunido en torno al promontorio de tierra, en cuyo interior se encontraba depositado el cuerpo. Bajo el frondoso árbol de aguacate, acomodadas en círculo, trozos de piedras de diferentes tamaños, custodiaban el entierro. Con el fin de identificar el sitio, una mujer bastante adulta y regordeta, y un joven de unos 20 años, espigado como el tallo de una azucena, colocaron la palabra “Poeta”.
Previo a los combates callejeros, el parque del fraccionamiento donde colocaron los restos humanos, era un lugar de esparcimiento, donde por las tardes, los niños jugaban al fútbol y los adolescentes, bajo los árboles, confiaban su amor al maletín lleno de ilus…

Rosas

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Señora…

aquí tengo rosas

para entregarle,

abra su vidrio

que quiero enseñarle

las rosas más bellas,

que habrán de besarle.

No quiero el dinero

ni quiero sus ropas

tan sólo entregarle,

las rosas más bellas,

que acabé de cortarle,

y nada le cuesta

tentar escucharme.

Le cuento señora…

mi jardín no es grande,

tampoco es pequeño

pero es suficiente

para rebosarme

de todo lo bello

que puedo brindarle.

Yo se que su miedo

le impide escucharme

por mi piel oscura

y mis pies descalzos,

si pido en la calle

es porque mi madre,

no quiere abrazarme.

Señora no llore...

la falta de amor

que invade sus tardes,

si le ofrezco rosas

es para alegrarle,

y decirle con ellas

que yo puedo amarle.

Esther – 25/03/2012


Pintura de William Ampié Silva  Poema de Esther Mendoza Urbina

Hablando de mi tierra de hoy

Escrito por Judith Raquel Reyes Esquivel


¡¡¡Hablando de mi tierra de hoy!!!

Han transcurrido cuatro años de no verte, mi bella tierra, y cuántos regalos me tenés: Familia, amigos, rostros nuevos, y grandes sorpresas.

Y me pregunto: ¿Qué es el tiempo? Quizás una nueva oportunidad, porque me brindas la dicha de ver a mi Dios en la cara del Nica. Ese Nica que sufre y que goza; sufre a veces, por nuestro amor privado y excluyente, que renuncia a la justicia universal y nos encierra en nuestro mundo pequeño.

Y ¿quién es mi tierra?, me preguto: Mi tierra, es mi gente, de aquí y de allá, es el universo que hoy se concreta en Nicaragua; ayer en Venezuela, España o Roma; sólo que mi tierra tiene hoy un nombre como pretexto, pero en definitiva, es gente, personas multicolores. Es por ahora, “pequeña, aunque uno grande la sueñe” (Rubén Darío).

He vislumbrado a un Nica que sufre porque no tiene tamal ni queso para llevar a la boca, he visto con asombro hombres laboriosos, gastando su cuerpo y su …

Rubén Darío: Fotos y escritos

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Güirila de mi tierra

Tortilla de maíz tierno Una güirila en su comal, Una muchacha, nica bonita, Te envuelve suave en sus manitas, Con verdes hojas del chagüital.
Toda blanquita y cuidadosa La cuajadita viene a juntar, A mi güirila tan deliciosa Que mató el hambre de esta nicoya, Con cafecito para completar.

 Escrito por Esther Mendoza Urbina Autora del sitio en Facebook Nicas hijos del maiz

El Guerrero

Aquel que camina en la Senda del Guerrero, -Dice el libro de un Iluminado Alfarero- Debe poseer un corazón radiante como el sol, Y entregar su amor a todos, cual girasol.
Debe mantenerse firme en la adversidad, como un diamante, Y cansar con su paciencia al de intención recalcitrante. Recibirá miles de  calumnias y alguna ofensa, Cansancio sentirá, porque la lluvia acida tensa! Y en esos momentos de flaquezas, Invocará a Aquel que tiene de oro sus trenzas, Y a  Sus Ángeles enviará, con copas de aliento, Y toda angustia se diluirá en el invisible viento!
Ya al amanecer con vitalidad recobrada, Monta su corcel y alza nuevamente su espada, Avanza por la multitud acaparando miradas Pues tiene en la piel las “Sendas del Bien” trazadas!
 Poema de  William Ampié Silva. Jinotepe 1 de Enero 2012

El Muñeco y el Bomaco, animalitos en mi recuerdo

Escrito por Alcides Rojas Chavarría (n. en Managua, 1966)
En casa de mi abuelita Yeyita (q.e.p.d.), donde viví después del terremoto que destruyó Managua un 23 de diciembre de 1972, hubieron dos mascotas que forman parte del saco de recuerdos gratos que acumuló de mis años maravillosos de niñez. Fueron dos animales emblemáticos, el uno era un gato llamado “Muñeco” y el otro un perro conocido como “Bomaco”.
“Muñeco” fue un gato de color blanco, pero un blanco perfecto, sin ninguna mancha, sus ojos eran casi rojizos y tenía una cola hermosísima. Era de tamaño tan grande que parecía un gato montés. Con esto quiero dejar claro que "no era cualquier gato", de verdad que era un gato especial.  Era un cazador nato, pero no solamente de ratas y ratones, era capaz de cobrar mejores piezas de caza como garrobos negros, iguanas verdes y conejos de monte. Por lo general, siempre cazaba garrobos subiendo a un árbol de mamón enorme, un 'palencón' que soporto un rayo que…

Días de diciembre, días de navidad

En esta navidad, llena de hermandad Quiero compartir con ustedes pensamientos de felicidad.

Estos días me traen imágenes del pasado, En mi niñez veo triquitracas, bombas y algún cachiflín carbonizado, Que fueran quemados por algún despistado niño de mi poblado, Que  encendiera la mecha cuando pasaba don  Inocencio vado,
Para nosotros esas travesuras nos causaban risa, Sin entender a esa edad, que eso luego nos traerían momentos de prisa, Cuando la vida nos enseñara, que cada acción no se borra como tiza.
Los años pasan volando, por ello las ideas en mi mente vienen entrando.
Una vez me regalaron un tambor,   pero pronto lo rompí con un tenedor, Al año siguiente me dieron una bola de hule, era roja y estrellada, También pronto fue desollada, Ah! pero cuando me trajeron aquel robot, Me sentí como aquel actor del espacio, el Sr. Spot. Lo acaricie, lo admiré y en la noche lo guardé, Pasaron los días, dejó de moverse, y por eso me intrigué, Agarré un desatornillador, un martillo y lo desarmé, Pero el prob…

Jinotepe

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Jinotepe, mi querido pueblo,  Lo amo tanto, que al pensar en él de emoción tiemblo! Pero también quiero a otros poblados de Nicaragua, Pues no puedo limitar mi amor, como si me cubriera una piragua.
Me gusta el clima, las calles cortas y su parque, Aunque ya no tenga  agua su estanque. Recuerdo el día en que me fui en esa pileta de agua, Sentí que me iba en los guindos del crucero a Managua, Pronto lo olvidé, tenía  solo cinco años,   Medía tan poco, que ni alcanzaba los caños, Sí! Era gordo y chaparro,  Unos me decían que parecía  guijarro, Pero a pesar de eso era feliz, Brincaba de un lado a otro como codorniz,
En el parque también había un perezoso, Era una especie de pequeño oso, Vagaba entre las ramas, Moviéndose lentamente, como  telas de lanas, Recuerdo también a los zanates, Eran negros cual primates, Volaban y cantaban haciendo círculos en el aire, como si mostraran a alguien un desaire, Y los gorriones, graciosos  y juguetones,  entre las bancas se miraban como grandes botones, Y en frente …

Poema al Genízaro de Nagarote

!Genízaro, tu eres el símbolo de la humanidad, y estás enlazado a su historia,
desde el principio de su trayectoria. Genízaro del bien y de la amistad.
Tu estas con nosotros los nagaroteños, te llevamos en el alma y estas presente,
Te rendimos tributo, es nuestro sueños,
Los nagaroteños estamos pendientes.
Vive de cara al cielo y en tu tierra
Nadie puede igualarte su linaje
El simbolo de paz sobre la guerra,
Y adorna a Nagarote de su paisaje.

Al llegar la lluvia fuerte,
Se desprendió la rama y cayó al suelo,
No pudo resistir los mas fuerte,
Pidiendo clemencia al cielo.

Extendió su divina mano
Como un noble anciano,
En el parque pasan los caminantes,
Tendiendole el brazo suplicantes
Le pido que me ayuden, mi historia se viste,
El 31 de diciembre les doy alegria y derroche,
Hoy los nagaroteños estan dolientes y tristes,
El 16 de octubre fue el silencio de la noche.

Profesor José Angel Palacios Pérez.

El gallo pinto nicaragüense… abovecultura gastronómica...

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Escrito por el Dr. Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre de MMXI

Semilla de cereal expandido en el seudotrapecio nicaragüense, de norte a sur, imprescindible desde lo mínimo y básico hasta lo frívolo. Un chef adorna cada platillo con el arroz, vistiéndolo mestizo y encaratulándolo anglosajón, a la de Batman y Robin, con el frijol. Leguminosa y cereal, cereal y leguminosa, la mezcla astral. Desde la preparación, en la sartén, la lámina plana con su premonición alisea de los bordes, el fuego en la hornilla, el aceite caliente, los trozos picaditos de cebolla se queman infundiendo un aroma sobrenatural. Eriza la piel el crujir. El aroma penetrado desde la infancia, recorre ciclos interminables de acontecimientos y detalles. La señora de la fritanga, la empleada que nos convida, el restaurante que en su detalle del menú, lo hace Señor de la ansiada ingesta. El gallopinto es una sola palabra, sin separación. La mezcla es el secreto de cada anfitrión. Seco, transparente, aromático,…

El lamento de La Mocuana

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Escrito por Martha Isabel Arana
Orlando, Florida 2005

La pérdida súbita de su inocencia caía sobre ella más fría y pesada que la oscuridad de la cueva que la amortajaba. El derrumbe de las piedras en la entrada aún resonaba en el esqueleto de su alma, como campanas que demasiado tarde le advertían del gran error que en nombre del amor había cometido. Silenciosa meditaba sobre el maldito y bello momento que conoció al blanco conquistador que con sus ojos claros como el cielo del Valle de Sébaco, y el cabello tan rubio como el oro que guiaba su destino, había hecho de ella un simple objeto de placer.

Acababa de ser enterrada en vida por el hombre que amaba. Había sido cruelmente engañada por aquél que la había convencido para que confiara en él y le contara el secreto del lugar donde el cacique, su padre, guardaba el tesoro que pertenecía a esta región esteliana. Generosa, lo había guiado hacia el lugar ambicionado y al obtener las riquezas, el ingrato había partido, dejándola muriendo de …

Adiós, mi vieja Managua

Escrito por Martha Isabel Arana
Orlando, Florida
Enero 2010

Es una lástima que estuviera yo tan pequeña la noche del fatídico diciembre de 1972 y solo recuerde un par de fugaces detalles de la vieja Managua. Crecí viendo a mi ciudad tras alambre de púas, en escombros, con paredes rajadas e interiores semi desnudos, sin techos ni paredes, dinamitada. Aprendí a conocer de memoria los cuentos del famoso malecón, los parques y las alegres avenidas porque las personas mayores añoraban sus recuerdos en cada reunión familiar, como queriendo exorcisar los temores de tiempos nuevos. Amé a Managua a través de los ojos de otras generaciones, con nostalgia de épocas mejores, con resentimiento hacia el terremoto que nos arrebató nuestro orgullo. La antigua capital fue para mí la imagen tras la vitrina, el objeto deseado pero nunca obtenido. Aquella ciudad que estuve a punto de vivir, pero llegué ya tarde.

Las primeras memorias de mi niñez parece que comenzaran, irónicamente, la noche del ter…