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miércoles, noviembre 17, 2010

El miedo y yo!




Escrito por Alba Miriam Sanchez Cuadra

Hace alrededor de 30 años, yo fui protagonista de una historia que les voy a contar.

Vivía en chinandega, Nicaragua, que ha sido mi ciudad tambien adorada, y poseía una farmacia llamada Guadalupe.

Estaba situada en el costado sur del mercado central, en una casona de dos pisos, de esas casas antiguas que eran altas y de balcones. La farmacia ocupaba el primer piso, muy amplio con dos puertas enormes, y un patio largo que tenía al fondo un palo de naranjas agrias y unas flores de narciso. Un lavadero de ropa y un baño. Además otro cuarto que ocupabamos como bodega de medicamentos.

Los propietarios anteriores habían vivido allí, en el piso de arriba, pero sucedió que la mamá de la dueña tuvo un accidente en el baño, ya era mayor, y por abrir la llave del agua fria, abrió la del agua caliente y no la supo manejar, sufrió graves quemaduras y a consecuencia de ello, la señora falleció.

Esto y la guerra de insurrección que se avecinaba hizo que los señores se fueran del país y me vendieran la farmacia que en esos momentos me cayó como anillo al dedo.

Pasó el tiempo y ya me habían advertido los vecinos que en esa casa asustaban, yo no dejaba de creer, pero tampoco había visto, ni oído nada, pese a que cuando tocaba hacer turno, me tenía que quedar acompañada de una sobrina y de uno de mis hijos a dormir allí por una semana.

Día y noche pasaba, abria a las seis de la mañana y cerraba a las diez de la noche en tiempo normal.

De repente un día, escuché pisadas, en la parte superior de la casa, ruidos como que movían muebles de un lado a otro, y un llanto estremecedor.

Me quedé muda, y para mal de males mis acompañantes no estaban en ese momento lo cual me aterrorizó.

El miedo lo paraliza a uno, y no le da tiempo de pensar ni de actuar. Cuando llegaron les conté pero no le pusieron mente al asunto.

Tiempo después, una mañana, a eso de las seis, me fui al patio a lavar los limpiadores, antes de abrir la farmacia, y cuando voy por el pasillo escucho de nuevo aquel llanto desgarrador y veo la silueta de una mujer joven con el pelo largo cubriéndole la cara y con un vestido transparente que ondeaba al viento, sin haber ninguna corriente de aire siquiera, ella iba o estaba como flotando rumbo al palo de naranjas agrias, ahi mismo se desapareció.

Esta experiencia me asustó, temblaba como si tuviera un ataque epiléptico, y así me encontró una de mis empleadas, que al ver el estado en que me encontraba corrió donde los vecinos dando gritos.

No podia hablar, balbuceaba palabras sin sentido y lloraba a mares,lo cual me produjo una ansiedad y unos nervios que viven conmigo.

El que no haya vivido una experiencia así, que se nombre dichoso? Que por qué me sucedió a mi? No lo sé.

Pero que si sé es que es algo dificil de explicar con palabras, ese miedo, esa sensación de pánico, la paralización del cuerpo, los pies y la cabeza pesada, la lengua enredada si poder articular palabra es terrorífico pero que suceden, si, suceden...pero el cuento no termina, se decía que antes de que el accidente ocurriera, había vivido allí, un coronel, su esposa y una bella hija que la tenían recluída porque había salido embarazada de un jardinero de la antigua mansión donde vivían en Managua.

La joven no salía de sus habitaciones y sus alimentos y cuidados eran hechos por una antigua empleada que se había ido tras de su niña.

Así las cosas, un día, en un descuido, la muchacha bajó al patio y se ahorcó con un cordel en el árbol de naranjas agrias, había dado a luz y su padre envió al niño a una finca desconocida para que el mandador se hiciera cargo del niño. Esto fue desgarrador para ella, y lastimosamente no tuvo apoyo ni cariño de nadie en esos momentos.

En aquellos tiempos estos funestos hechos sucedían con mucha frecuencia, los padres queriendo tapar el deshonor acudían a estas dolorosas artimañas. Para mí, este momento vivido fué una eternidad, quería rezar y no sabía por donde comenzar, las oraciones se me olvidaban y era sencillamente el miedo que me atenazaba el cuerpo y el alma.

Días despues mandé a traer un sacerdote que me bendijera el local y que me le hiciera las misas gregorianas por el alma de la joven que por respeto omito su nombre.

Bendijeron el lugar donde acaeció el hecho y toda la casa a partir de ese momento quedó en paz.

Nunca volví a escuchar absolutamente nada, el piso de arriba jamás se usó y pienso que al fin descansó en paz esa niña. Me consuela pensar que yo fui el medio que usó para redimir su falta ante Dios.

Con los años supe que el coronel arrepentido de su acto tan cruel, se había suicidado tambien y la esposa murió de un infarto. Todo lo que hagamos en el camino de la vida, a medida que la trayectamos vamos pagando nuestros errores y disfrutando nuestros aciertos.

® A. M. S. C.

Publicado en Nicaragua de mis Recuerdos el 18 de noviembre, 2010 con permiso de su autora.

viernes, noviembre 12, 2010

Leyenda del Cadejo (Somoto)


Las personas mayores, como nuestros abuelos o tíos, son un cofre de sabiduría. Guardan tantos secretos como leyendas en su corazón.

Yo quiero dar a conocer  tantas historias bonitas que todos vivimos, el miedo, el temor, el espanto a lo que no sabiamos si era verdad o puro cuento, pero que nos alimentaba la pasión por escuchar.

Una noche arrimados al fogón, comenzamos mis primos y yo a preguntar si era verdad esto o aquello.
la noche era obscura y afuera soplaba un viento muy frio, por eso nos habiamos refugiado en la cocina.

La cocina de nuestros pueblos siempre es amplia, bien limpia y nunca esta fría, siempre hay calorcito, por que todo el tiempo, desde que amanece el fuego esta que bulle, como dicen, si las llamas corren y trepita mucho el fuego, es que va a llegar visita, y no se como hacían para saberlo, pero al final resultaba verdad.

El olor a café, los frijoles cocidos, las tortillas recién hechas, la cuajada o el queso guardados en el tapesco o canasta que colgaba del techo, hacían el lugar preferido de las reuniones de familia.

Se vivía de una manera tan sencilla pero tan bonita que hoy al recordar  nos llena de amor por aquellos recuerdos tan simples pero tan lindos.

Hoy les voy a contar otra de las leyendas que contaba mi tio Polito. Y aunque gracias a Dios él está vivo, ya está viejito y su mente no es la misma.  Decía que un día él  iba para Santa Teresa, un lugar cercano a Somoto, donde vivíamos, pero acostumbraba a madrugar tanto que llegaba a los lugares donde iba, cuando la gente se estaba levantando, era una manía que tenia con eso de la madrugadera.

El caminaba con un machete que tenía en su cacha una cruz labrada, para alejar espantos según él.  Se montaba en un caballo negro,  se calaba su sombrero que tambien lo tenía curado según sus superticiones  y salia a ver su siembra de frijoles y maíz que era lo que cosechaba. tambien le gustaba llegar donde los familiares a la hora que estos estaban haciendo el café.

Pues se fué una madrugada y cuenta que la luna esta oculta, que había un silencio en el camino que erizaba la piel, no se escuchaba ni un ruido, solo el ligero murmullo del río que cruzaba por un costado de la ciudad, y aunque lejos darle valor, mas bien sentía un temor y un frío desconocido que le calaba hasta los huesos.

Los pocoyos salían y se le cruzaban en el camino. Estos animalitos que parecen gallinitas son de mal agüero.

Siguió su ruta e iba pensando en la pasada de la ceiba, un lugar famoso por sus apariciones, quejidos, y sombras. Otras veces él pasaba sin miedo alguno, pero ese día sentía algo raro en el ambiente, era como una premonición de lo que le iba a suceder.

Normalmente los campesinos no le temen a nada y están acostumbrados a caminar de noche, pero por cualquier eventualidad  van preparados, con su magnifica en la cartera, y oraciones que aprenden desde niños para evitar les hagan daño. Mi tío no era la excepción.

Al fin, por muy despacio que fuera llegó a la ceiba, un árbol tan frondoso y grueso de ramas copadas y muy altas que si la noche era obscura él contribuía a que esa pasada fuera tenebrosa.

Si se dia causaba su resquemor, imaginense en la noche, árida y solitaria.

Momentitos antes de llegar, por precaución desenfundó su machete y lo cruzó entre el y la bestia, cuando de pronto y de la nada, sale un animalito que el creyó que era un perrito que se habia quedado abandonado por el lugar, sinembargo, dice, la cabeza se le creció, le entró un miedo que le castañeaban  los dientes y la bestia  que montaba se trastornó que no queria dar un paso mas. Agarra su machete y le da al aire al animalito, que a todo esto habia crecido de tamaño y se le abalanzó convertido en un enorme perro negro. Como pudo volteó él su sombrero y le dió dos sombrerazos rezando una oración de protección, o lo que se acordó de ella,  le tiró dos machetazos y aquel animal enfurecido no ladraba ,si no que emitia gemidos de rabia y de impotencia.

Se le tiró encima y lo revolcó bajándolo del caballo y éste ,emprendiendo la huida lo dejó solo tirado en el camino.

Ya no supo más. perdió el conocimiento y fue hasta muchas horas después que al llegar el caballo solo a la casa de los familiares comprendieron que algo malo habia sucedido y salieron a buscarlo, encontrándolo tirado en la tierra,  temblando de miedo, sin habla y con mucho frío.

Este mal rato, le dilató muchos dias en recuperarse, pues le dió una fiebre muy alta y  un pavor que no quería hablar de lo sucedido.

Pero como a otros ya le habia pasado lo mismo, comprendieron que es lo que había vivido y con remedios caseros y baños de hojas lograron curarlo.

El ahora dice que fué el Cadejo malo que lo atacó, que es el mismisimo demonio, que sale en las noches
obscuras y solas a ganar adeptos, porque muchos mueren del corazón.

Existe dice él, el cadejo blanco, pero que éste te proteje y te va acompañando todo el camino, hasta tu lugar de destino, donde desaperece en la nada.

Mientras este relato salía a luz, nosotros no queríamos ni movernos, ni ir a tomar agua ni mucho menos acostarnos,  y mirabamos en la luz de los candiles, sombras fantasmagóricas en forma de perro.

Con el corazón a todo galope , queriéndose salir por la boca, esperabamos que los mayores se levantaran de los taburetes para seguirlos pegados a sus faldas. Estas leyendas siguen vivas através de los tiempos para deleite terrorifico de nuestros hijos y nietos.

Son las superticiones de nuestros pueblos y la vivencia del campesino, que nos ayuda a pasar  y recordar momentos agradables y tenebrosos.

®A. M: S. C.

Publicado el 11 de noviembre, 2010 en Nicaragua de mis Recuerdos con permiso de su autora.





miércoles, noviembre 10, 2010

La leyenda de los compadres




Escrito por Alba Miriam Sanchez Cuadra

En las noches de luna de mi pueblo, solíamos sentarnos en el patio alrededor de mi tío Polito, para que nos contara cuentos, las leyendas que nunca faltan en los pueblos con nombres distintos, pero que al final son iguales.

Eramos varias primas, y la esposa de mi tío juntaba unas piedras, buscaba unas ramitas, burusca, le decían, y se ponía a hacer una bebida caliente, ponche. El ponche era para nosotros lo máximo, por que nos calentaba el alma del miedo que sentíamos con lo que nos contaba mi tío.

Nos apretujábamos unas a otras y queriendo sentir la misma emoción, temblábamos de frío, en ese entonces Somoto era de clima frío  por que todavía no lo habían despalado como esta hoy  y su frondosos árboles  se mecían al compás del aire  y este soplaba conjurándose con la leyenda del momento.

!Qué tiempos aquellos! No había en el barrio luz eléctrica, por que el alcalde de turno ponía la luz y adoquinaba la calle hasta la esquina de su casa, de ahi para allá, nada , las calles empedradas y llenas de polvo y una luz mortecina que alumbraba mas la luz de una hoguera o un candiil que ella. .

Con rajitas de ocote, que es la fibra del pino, tambien ayudaba a que la luz no se extinguiera. Nos contaba mi tío la leyenda de los compadres, eran dos amigos que eran padrinos de sus respectivos hijos, eran tan amigos que decidieron que iban a trabajar juntos una parcela de tierra y la cosecha se  la iban a repartir.

Asi trabajaron mucho tiempo, hasta que un día, se fueron de serenata a una comarca cercana, y al calor de los tragos, la música, y la chicha bruja, el aguardiente, todo unido, pensaron en ir a ver su siembra, por que desde hacia tiempo les venían robando sus elotes, su maíz y cuanto cosecharan en su propiedad.

Se llevaron un calabazo de cususa, que es una chicha de maíz fermentado y le agregan aguardiente y con sus machetes que no se los despegaban  subieron al cerro donde trabajan.

Cantando y echándose un trago de cususa que les levantaba el ánimo, iban contándose los planes que tenían sobre la ganancia que iban a obtener de su trabajo.

La noche esaba fria, el cielo despejado, pero ráfagas de viento pasaban silbándoles, tal vez conminándoles a regresar.

En su caminata se escuchaban los aullidos de los coyotes, a lo lejos, el ruido de las ramas de los árboles que  al chocar entre sí, se oyen como voces del silencio, por allá  de repente pasaba volando una lechuza, señal de mal agüero entre los campesinos, adiós comadre, le decían, por que manejaban la historia que una lechuza que pasara cerca era alguien conocido, sobretodo mujer, que se transformaba en ese animal, para por las noches salir a robar comida y gallinas a los vecinos.

Así las cosas, ellos llegaron al cerro y  compartiendo su calabazo de cususa se abrazaban y cantaban coplas de amor y  el corrido de Juan Charrasqueado.

De pronto, surgió una discusión entre ellos y perdidos de la mente y su hermandad, sacaron a refulgir sus machetes y cada uno acabó con el otro. Allí quedaron los compadres abrazados mirando al cielo y pidiéndole a Dios, perdón.

Pero se cuenta que en las noches de mayo, que fue cuando esto sucedió, se ven dos bolas de fuego que saltan de un lado a otro, y que gritos de dolor se escuchan por las laderas, y que en el cerro maldito la hierba no floreció.

La cosecha se secó y los compadres quedaron en leyenda y oración.

Ya la noche ha avanzado y hay que irse a dormir, y los primos abrazados no queremos ni movernos, titiritando de frio y muy cerca del terror, vemos que el fuego se apaga, pero en el cerro, dos luces bailan su danza de amor.

®A.M S.C.

Publicado en Nicaragua de mis Recuerdos el 8 de noviembre, 2010 con permiso de su autora.

Foto cortesía de José Rafael Burgos de Moralimpia.net

viernes, noviembre 05, 2010

La leyenda de la muerta



Escrito por Alba Miriam Sanchez Cuadra

Lo que hoy les voy a relatar no es producto de mi imaginación. Es algo que una vez me platicó mi madre.
Decía que en una clara noche de luna llena, viviendo ella con sus padres en un valle de Somoto, Nicaragua, que se llama El zapote, lugar al que yo le he cantado en mis poemas, era costumbre salir a cualquier hora de la noche al patio, ya sea a jugar, a observar la luna o platicar,  las casas del valle estaban cercanas unas a las otras y casi todos eran familiares, por eso el valle era muy unido, desde la montaña se escuchaba el ruido sordo y seco de las aguas del rio.

Esa noche estaba mas concurrido por que una vecina estaba muy grave y según ellos no pasaría la noche.
Se tiene la creencia en el campo que al amanecer es cuando anda la muerte recogiendo a los que se va a llevar con ella.  La señora que por cierto era familia nuestra, había sido en toda su vida muy devota del corazón de Jesús, ademas es el patrón o era en ese tiempo el Rey del valle.

Ella celebraba con gran pompa las novenas y el día de los corazones, pues había uno en cada casa los bajaban en procesión hasta la ciudad para que le hicieran su misa, había pólvora y cantos. De esta manera regresaban al valle y continuaba la celebración con los licores propios del campo. Sabores y olores se mezclaban por que además horneaban toda clase de pan, rosquetes, rosquillas, quezadillas, en fin una delicia para el paladar. En este rito religioso no faltaba el baile.



El día que ella se estaba muriendo, ya tenían preparadas las cosas  para la vela, el infaltable y aromático café,  las gallinas listas en las cocinas y la sopa de frijoles, cigarrillos y cususa.

Cada muerte era una fiesta, lloraban los familiares cercanos, los demás aprovechaban la ocasión para gozar de una buena comilona.

Así estaban las cosas, cuando un grupo de mujeres deciden que ya se acerca la media noche y que es hora de seguir rezando por el buen viaje de la moribunda.

Comienzan el rosario y a medida que van pasando los misterios, la palidez de la ya occisa es palpable, respira entrecortado, no habla desde hace tres días y no come ni bebe desde el mismo tiempo.

Entre el campesinado de mi tierra, es normal poner al muerto o al que se está muriendo, en la sala de la casa en una tijera de lona, le ponen velas o candelas a los cuatro costados y  allí se reunen todos los que quieran verla morir y los rezos y letanías son su luz que alumbra el camino  hacia el mas allá.

Lo único que fallaba en estos menesteres era que no había un médico que certificara la muerte de la persona. Ya el cura había llegado, había hecho su trabajo de regarle agua bendita y se marchaba casi corriendo.

Ya era casi la una de la madrugada, uno que otro gallo cantaba en la lejanía, un perro ladraba mas cerca, y hasta los árboles de jocotes y matasanos, mangos, limones,  y limonarias, estaban sumidos en un sopor repelente, no había una sola brisa, el aire se habia ido con el cura seguramente, por que aquel silencio de la noche a pesar de la claridad era tenebroso, no hacía calor, pero estaba fresco, allí siempre hace frío.

Contaba mi mamá que en ese entonces ella era una joven de unos 18 años, que la habían mandado a repartir café . Ella no supo donde voló la bandeja cuando se escucha un grito y otro, y otro y luego son alaridos de terror, sale la gente corriendo de la sala, los perros comienzan a aullar, los gallos y las gallinas cantaban desaforadas y corrían por todos lados la casi muerta se había sentado en la tijera y estaba con los ojos bien abiertos y la cara desencajada viendo lo que estaba pasando.

Todo el mundo gritaba, lloraba y corrían hacia sus casas dejando a la moribunda sola.  Al rato se llenaron de valor los hijos y otros familiares y entraron a verla, para entonces ya la muerte había pasado por ella.  La encontraron de nuevo tendida en la tijera y con un rictus de dolor o asombro en su rostro.

Murió tal como habian previsto, al amanecer, pero el susto que les dejó, fue o hizo historia en el Zapote.

Nadie se explicó que fue lo que en realidad la mató, si la verdadera gravedad que tenía o el susto que le provocó verse casi muerta, con los cuatro cirios en sus esquinas, y vestida de blanco, sudario, le decían, con un corazón de Jesús en sus manos.


®A.M.S.C.


viernes, octubre 29, 2010

La campana de la Isla del Cardón


La Isla del Cardón, está ubicada enfrente de las playas del chorizo, en la jurisdicción del Puerto de Corinto, en el departamento de Chinandega, es un lugar muy visitado por los turistas y por el pueblo nicaragüense, tendiendo que trasladarse en lancha desde el puerto, para poder llegar a la isla, es un lugar con muchos árboles y vegetación.

Cuentan los habitantes del lugar, que hace muchos años, la familia Somoza tenía una gran casa, que visitaban con sus amigos y celebraban grandes fiestas por la noche, en esa época la isla se iluminaba, ahora no saben si esas construcciones todavía existen o se las llevo el maremoto de hace unos quince años, que arraso con el puerto y con parte de la ciudad.

Los mismos lugareños cuentan que en el siglo pasado, por el año de 1917, enviaron desde España, una campana de bronce, para que la colocaran en la Catedral de León, en la ciudad del mismo nombre, esta campana era única por su tamaño y por su tañido, iba a ser colocada en el techo de la catedral, donde iba a ser sostenida por dos atlantes que se encuentran en la parte del techo de la catedral, a la fecha puede observarse que hay dos pares de atlantes, notando que solo un par de atlantes sostiene una campana, el otro par de atlantes no sostiene ninguna campana, porque esta nunca llego, debido a que se hundió cerca de la Isla del Cardón en el Puerto de Corinto.



Estos atlantes, fueron construidos en la época del padre: SSI Pereira y Castellón, quien después de un viaje por Europa y tierra santa, los mando a construir para que sostuvieran las dos campanas, que serian tañidas en épocas especiales, como las celebraciones de la gritería de penitencia, los entierros de personajes famosos, tal como el entierro del poeta laureado de Nicaragua: Rubén Darío, quien se encuentra enterrado en la catedral de León, siendo custodiado por un León de mármol, que resguarda la tumba del inmortal príncipe de las letras castellanas.


Algunos de los pescadores que pescan cerca de la Isla del Cardón, comentan que por las noches cuando hay marea alta, oyen el tañido de la campana, que se encuentra a gran profundidad, en algunas ocasiones se oye un sonido muy sonoro, como si alguien la estuviera tocando, cuando hay luna llena se escuchan las campanadas de las doce de la media noche, en estos días el tañer de la campana se oye con más claridad, dicen los pescadores que los peces saltan sobre el agua, por el sonido de la campana, que yace en el fondo del canal natural del Puerto de Corinto, ese lugar es muy profundo, por esa razón pueden navegar barcos de gran callado, estas mismas personas esperan que algún día se interese alguna organización internacional e investigue si es cierto lo de la campana y de ser así, si esta se puede sacar del fondo del mar.

Autor: Lic. Salvador Guillermo Muñoz
 Mitos y Leyendas de Nicaragua, Tomo II 
 Tambien autor de Mitos y Leyendas de El Salvador, Tomo I

jueves, septiembre 23, 2010

El duende invisible de Tecolostote, Boaco


"La superstición está reinando en la casa de la señora Amelia Tercero Morales, la verdad es que nadie lo sabe, pero su vivienda en Tecolostote misteriosamente está siendo apedreada a cada momento, en horas del día y de la noche.  Esta pequeña comunidad está ubicada en el departamento de Boaco, la "casa embrujada" está situada a la orilla de una zanja donde los vecinos aseguran haber visto durante las noches una luz verde. Supuestamente la luz verde se para en la zanja, se mantiene un tiempo parpadeando y desaparece sin dejar rastro alguno.

Mientras la misteriosa luz aparece en la zanja, sin saberse de qué tumbo, caen insistetemente piedras de gran tamaño sobre la casa de la señora Tercero Morales.   Lo más curioso es que desde el 9 de enero la casa está siendo apedreada por un supuesto "duende invisible".  Las tejas y tablas están quebradas.  La superstición se ha hecho colectiva en Tecolostote ya que casi todos los habitantes del pueblo que llegan a la casa escuchan el rebote de las piedras y algunos hasta han sido golpeadas por ellas."

Noticia tomada de La Prensa, lunes 18 de enero de 1971:  Casa embrujada provoca pánico en Tecolostote.
 Foto cortesía de José Rafael Burgos de Moralimpia.net

martes, septiembre 14, 2010

Los duendes escolares

De los archivos de La Prensa, noticia publicada el sábado 11 de abril de 1970


Cien niños "ven" duendes en una escuela

Más de un centenar de niños del Centro Escolar de la Colonia Nicarao, influenciados seguramente por un compañero con una imaginación fantástica, afirman ver desde el miércoles en un hoyo ubicado en la esquina este del colegio a dos duendes "jugando".  La afirmación de los niños tiene alarmados a los maestros, quienes han querido contrarrestar la fantástica creencia, pero los estudiantes, incluso, se paran en las aulas y ratifican lo que antes dijeron, aseguran los profesores.


La niña Teresa Muñoz Rivas, de unos seis años, describe a los duendes vestidos de rojo, con una cinta roja atada a la frente y un gorro tambien rojo. Armando Saravia tambien los describe vestidos de rojo y de caites, con la punta viendo al cielo. El niño Sixto Gómez de unos diez años, dice que los duendes visten de rojo, una calzoneta y con zapatos largos, casi del tamaño de ellos. El director del colegio, profesor Alberto Mercado, se mostró alarmado por la afirmación de los muchachos, "pero no he podido quitarles esa idea de la cabeza" se queja.

Aunque  los maestros dicen a los niños que "eso no existe", los muchachos se muestran seguros de su afirmación.  El hoyo donde los niños aseguran haber visto a los duendes fue practicado para que saliera la corriente en invierno.




Despues de 30 años, ¿qué habrá pasado con los niños... y sus duendes?


Foto tomada del grupo Conozcamos Nicaragua en Facebook.

jueves, agosto 26, 2010

La leyenda del Cacique Chontal

Escrito por Marlon Vargas Amador

(Este relato es parte de un trabajo no publicado de Marlon Vargas Amador, titulado Amerrique, los senderos olvidados de su historia y geografía©, 2010).

Como testigo silencioso del paso del tiempo, la sierra de Amerrique (Amerrisque por corrupción), ubicada en el departamento de Chontales, ha guardado junto a su naturaleza e historia muchos relatos míticos que sus habitantes tejieron como fruto de su imaginación o bien basados en hechos reales que se han olvidado en el transcurrir de los siglos. Cuevas con monedas de oro y luces misteriosas son algunos de los mitos que más de algún lugareño afirmará que son ciertos.

En este acontecer la hazaña del cacique Chontal constituye el relato más conocido del aguerrido pueblo de los chontales y cuyo acontecimiento tuvo como escenario los blancos riscos de Amerrique.

En el libro Pueblo Extranjero (1956), Julián N. Guerrero presenta una narración que muy pocos han tenido la oportunidad de leer por la remota publicación de esta obra monográfica.  La siguiente exposición esta basada en el relato presentado por Guerrero.

Cuenta la leyenda que el cacique Chontal al frente de sus guerreros emprendió una dura batalla contra los conquistadores. “Fue tal el ímpetu de las hordas salvajes y el brío ardiente que les comunicó su caudillo” que en poco tiempo la caballería española fue derrotada.

Ante estas circunstancias los españoles duplicaron fuerzas y decidieron buscar al enemigo. El coraje y la valentía del jefe indígena y sus hombres fue sorprendente; la batalla fue dura y sangrienta y, al final, el aguerrido ejército indio fue derrotado. El feroz caudillo al verse vencido por sus enemigos se dirigió hacia un farallón cercano al lugar donde se encontraba y sobre éste grito:

“No me habéis vencido infames. No lograreis ni siquiera el cadáver de este hombre que os ha infundido pavor muchas veces aun con vuestras armas infernales… No tomareis ni siquiera mi cadáver porque ahora mismo me voy a precipitar a una madriguera de tigres para que me devoren antes que pase la vergüenza de ser vuestro prisionero (67)”.



Seguidamente se arrojó sobre el profundo abismo.

Otra versión sobre este hecho es la publicada en el Diario La Prensa y citada a continuación:

“En esas luchas [entre españoles e indígenas] y cuando ya los indígenas fueron diezmados, Chontal se echó a huir cargando un valioso tesoro. No se sabe tampoco qué contenía ese tesoro. Pudo ser oro, pero otros creen que pudo tratarse de reliquias religiosas, las cuales eran hechas en su mayoría de oro.

Chontal huyó y buscó refugio en la cordillera Amerrique, por su altura y la selva que la cubría. Era un perfecto escondite. Pero no contaba con que los españoles de antaño eran tipos obstinados. Por éstos últimos fue perseguido sobre la cordillera Amerrique. Llegó a la punta más alta de la sierra y, acorralado, prefirió lanzarse al despeñadero antes de ser capturado, tras referir que era un cacique indómito”. (Sequeira, 2003).


Existe en el pacífico de Nicaragua una leyenda muy similar a la del Cacique Chontal. En esta historia se hace referencia al cacique Diriangén y según la tradición oral la batalla se libró en el cerro Apastepe, hoy volcán Casita, en Chinandega. 

En un documento consultado al respecto y escrito por Mario Urtecho, se hace referencia a Fray Nemesio de la Concepción Zapata, a quien se le atribuye haber escrito esta hazaña en 1684 y también de llamar equivocadamente a Diriangén como el cacique Nicaraguán.

Julián N. Guerrero del mismo modo recurre a este fraile de la Orden Franciscana para afirmar que son muchas las circunstancias históricas que existen para creer en la existencia del cacique Chontal. Para este historiador nicaragüense, el relato de Fray Nemesio es el testimonio de la gesta aguerrida de este legendario personaje.   

En esta misma dirección apuntan las aseveraciones de Gutiérrez y Savery que se refiere al libro “Caciques heroicos” escrito por Concepción Zapata para designar al cacique Chontal como el “contenedor de los españoles”. Según estos escritores, la mencionada obra también incluiría una crónica de la gesta del valiente cacique.   

“Caciques heroicos” fue publicada en Madrid, España, por la Editorial America en 1918 y se atribuye su autoria al citado Fraile. En la portada se contempla el enunciado de la Biblioteca Americana de Historia Colonial. Un acápite de este libro esta titulado “Vida del Guerrero bárbaro Nicaraguán”. Sin embargo, una fuente consultada expone que esta obra es parte de los 50 libros apócrifos del venezolano Rafael Bolívar Coronado (1884 – 1924), quien confesó posteriormente que había escrito libros a nombre de varios personajes incluyendo Concepción Zapata. La razón fue el popular afán de la impresión literaria acontecido en esa época
 
Por su parte, el poeta chontaleño Guillermo Rothschuh Tablada tiene sus reservas ya que la versión del cacique Chontal “no es tan realista por cuanto no hubo un testigo ocular en aquel tiempo” (2005).

Mito o historia, lo cierto es que no podemos obviar que esta leyenda forma parte del imaginario colectivo de los chontaleños y como tal se ha convertido en una expresión no solamente folklórica, sino también discursiva, viva, dinámica y testimonial que debe calar en la reafirmación de nuestra identidad cultural que de alguna forma hace referencia al sentido de una dramática realidad histórica transfigurada en el devenir del tiempo.   

"La leyenda del Cacique Chontal" fue enviada por su autor Marlon Vargas Amador a Nicaragua de mis Recuerdos, Agosto 26, 2010.

Fotografia/ Marlon Vargas Amador: Peña del Cacique ubicada al oriente de la ciudad de Juigalpa.

viernes, julio 23, 2010

La mona de Zaragoza

 Escrito por Marianela Flores Vergara

Desde hace una semana, vecinos del barrio Zaragoza y La Providencia aseguran haber visto una mona que aparece en el barranco cercano al río El Pochote, principalmente por las noches.  Para algunos ciudadanos, como el joven José Antonio Vargas, el «espanto» es una mujer que practica la brujería y por decepción de la vida decide convertirse para mortificar a los vecinos, por lo que él cree que «no es una mona normal». 
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El muchacho, quien asegura haber visto el personaje, la describe como un animal de un metro de alto, de cuerpo áspero y aparentemete cubierta totalmente de pelo.  «Escuché en la noche ladrar y aullar a los perros en el patio y me salí para ver qué era, mi susto fue cuando la mona brincó del palo de níspero y salió corriendo hacia el patio vecino», narra.  Después que vio la sombra extraña, José Antonio refirió que se enfermó de fiebre durante dos días. Su tía Clementina Vargas, que habita con él, dijo ser testigo de los chillidos del animal, entre las diez y diez y media de la noche. 

De acuerdo a vecinos, la mona también ha aparecido en La Providencia, en el árbol Panamá, pero desde hace quince días se ha trasladado al barranco para molestar a los otros vecinos.  Todas los noches se reúne un grupo de jóvenes para emprender la misteriosa búsqueda del supuesto espanto, sin obtener resultados satisfactorios. La última vez, uno de los valientes muchachos cuenta que logró percibirla en medio de la oscuridad, sobre un árbol, pero el animal se lanzó al suelo y ni siquiera los perros pudieron rastrearla. 

El llanto fino de la supuesta mona también ha sido escuchado por la señora María Cristina Dávila, una madrugada reciente, cuando se dirigía hacia el mercado, para vender sus verduras, «faltaba un cuarto para las cinco y escuché los chillidos y los perros ladrando fuera de lo normal, apresuré el paso porque sentí temor», señala.

Tomado de Mona bruja aterroriza a leoneses - END, 26 de febrero de 2000

miércoles, febrero 10, 2010

Recuerdos de un suceso en el Valle La Cal

"En un valle llamado La Cal del departamento de Jinotega, vivían diez familias, la mayoría de apellido Centeno. Las diez familias estaban agrupadas de la siguiente manera, seis casitas en la ladera de la montaña y cuatro en el llano. En la casa de mis Padres, que estaba entre las cuatro casas del llano, vivíamos, aparte de los 12 hijos, mis dos padres y un tío llamado Juan Centeno quien era hermano de mi Madre.

A principios del año 1920 Clemente Centeno Blandón (hermano de mi Padre) se casó con una mujer llamada Juana Sobalvarro, la cual procedía del valle llamado Jocomico, cercano al poblado de Sacalí (popularmente conocido ahora como Sacaclí). Clemente había construido una de las seis casitas del grupo de seis y al casarse él con la Juana, se la llevó a vivir a La Cal junto con la hija que ella tenía llamada Rumalda. Desde que la Juana se asentó en La Cal se dio a la tarea de informarle a los habitantes del caserío que ella era una bruja y que tenía poderes de hacer maleficios.

Con el tiempo, se fue consolidando su fama de Hechicera ya que se comentaba en los alrededores que diversas personas que se habían atrevido a contrariarla, habían muerto repentinamente producto de enfermedades raras que se le atribuían a hechizos practicados por “la Juana”. Nadie se atrevía a ofenderla o buscarse una enemistad con ella por miedo a que ella se ensañara contra el ofensor o algún miembro de la familia de éste. Tal era el miedo que le profesaban a “la Juana Sobalvarro” que por un lado, nadie visitaba su casa la cual estaba siempre custodiada por un par de perros bravísimos y por otro lado siempre que se hacía alguna actividad en el valle, ya fuera la celebración de algún rezo, o una fiesta por cualquier motivo, tenían que invitarle a ella y su familia. Y ya en la actividad, ella y su familia ocupaban los lugares de mayor importancia y sobre todo al momento de repartir la comida y el guaro, ellos tenían que ser los primeros en ser servidos, porque si así no sucedía, ella junto a su familia se levantaban y se iban del lugar hacia su casa, lo cual significaba un seguro y certero maleficio para el que la invitó a la actividad y no le sirvió de primero.

Resulta que Juan Centeno (mi tío), se había casado con la Rumalda (hija de “la Juana”), pero no sé por qué razones, él ya no vivía con ella y vivía con nosotros en la casa de mis Padres. En una ocasión, esto es allá por el año 1933 o 1934 que mi tío frecuentaba a una muchacha de apellido Gutiérrez Rizo que vivía en el valle de Las Mesitas, que está a una distancia de una legua de La Cal.

Mi Tío Juan era un hombre a quien le gustaba salir a cazar durante el día, él utilizaba una escopeta de doble cañón propiedad de mi Padre. En una ocasión, ya siendo de noche, él venía de regreso hacia la casa desde las Mesitas, con la escopeta al hombro y su cutacha al cinto. Cuando llegó al cruce del camino de Jinotega – La Cal, él divisó en la penumbra de la noche que alguien venía de Jinotega e iba hacía la Cal. Como no había luna llena le era difícil distinguir quien era, pero podía distinguir por el caminado y la silueta que se trataba de una mujer alta y de pelo largo que llevaba un gran fardo sobre la cabeza. Juan Centeno aligeró el paso para alcanzar a la persona, porque de seguro era alguna conocida, ya que a esa hora de la noche y sobre ese camino, solo podía ser alguien que viviese en La Cal. Pero en la medida que él aceleraba o desaceleraba el paso la figura que iba adelante también aceleraba o desaceleraba el paso.

Faltando unos 2 ½ kilómetros para llegar a La Cal, al llegar a un gran palo de anona, el camino se bifurcaba para luego unirse varios metros después. El tramo que giraba hacia la derecha tenía un acantilado a su lado y por el otro extremo (el lado izquierdo) del camino estaba un cerco de piedra que separaba el camino de unos breñales. La figura tomó por la derecha del camino, Juan Centeno tomó por la izquierda. Pero al pasar el palo de anona se percató que la figura que el venía siguiendo ya no se veía camino arriba, sino más bien alcanzó a distinguir un bulto acurrucado al otro lado del palo. Juan Centeno pensó que podía ser su amigo Miguel Mairena, un cuñado de él muy dado a hacerle bromas.

Acercándose un poco a la figura agachada Juan Centeno dijo:
- Quien está ahí? Identifíquese o si no ahí le van las balas a la cuenta de tres .... uno ... dos .... y .....En ese preciso momento la figura que permanecía agachada se incorporó de un salto emitiendo un fuerte gruñido y se abalanzó sobre Juan. Este sorprendido por la acción de la figura trato de cargar la escopeta que todavía traía al hombro agarrada con la mano derecha por la culata, pero la figura se abalanzaba sobre él tratando de arrebatarle la escopeta. Juan, con su mano izquierda libre, sacó su cutacha y comenzó a esgrimirla contra la figura, la cual sin mostrar ningún deseo de retroceder seguía lanzando manotazos a Juan.

Mientras Juan trataba de esquivar los ataques de la figura, alcanzó a ver que era alguien o algo mucho más alto que él, con gran fuerza en los brazos, tenía la cara y las orejas de macho y el cuerpo cubierto como de tuzas de olote trenzado y emitía gruñidos guturales. Era una especie de animal que él nunca había visto. Juan retrocedía al acoso del animal y se percató que esa cosa trataba de llevarlo al borde del acantilado. El al identificar las intenciones del animal comenzó a rezar, pidiéndole a Dios que lo librara de ese mal trance. Al momento que Juan invocó el nombre de Dios, el animal aminoró su ataque y comenzó a retroceder. Juan aprovechando la aparente debilidad del animal seguía agitando con mayor agresividad su cutacha a diestra y siniestra sin dejar de rezar. El animal seguía retrocediendo y en una parte pedregosa del camino el animal trastabilló lo que le dio oportunidad a Juan de montar la escopeta y accionarla.

El disparo rompió el silencio de la montaña propagándose hacia todos lados. Mi Padre que en ese momento se encontraba cerca de la cocina donde mi madre cocía unos frijoles dijo:
- Esa que sonó ahí, es mi escopeta, que habrá cazado Juan?
Al momento del disparo, el animal emitió un fuerte alarido y relinchó con furia a la vez que salía brincando hacía atrás. De un gran salto se voló el cerco de piedra y se metió al espeso breñal, no muy lejos de ahí como a unas 200 varas en dirección a un potrero, un pájaro cantó de forma siniestra: có có có có có có có có có có có có ..................

Juan enfundó su cutacha y cargó nuevamente la escopeta y comenzó a correr hacia La Cal. Ya en la casa de mi Padre, como a los 20 minutos que se escuchara el disparo, llegó el tío Juan todo agitado, uno de mis hermanos le abrió la puerta y le preguntó:
- Tío, que fue lo cazó?
A lo que él respondió :
- Acabo de tirar una cegua
Al escuchar eso, todos agarramos varas de ocote encendido para alumbrar mejor la estancia y le hicimos rueda al tío Juan para escuchar su asombroso relato. A la mañana siguiente antes de que aclarara el día, todos salimos hacia el lugar de los hechos referidos la noche anterior por el tío Juan.

Al llegar al palo de anona pudimos distinguir claramente en el polvo del suelo, las huellas de los caites de hule que utiliza el tío Juan así como pisadas de bestia de doble pezuña. También pudimos observar en una peñita un par de señas que dejaron los perdigones. Cerca del cerco de piedras, justo en el lugar donde el tío Juan dijo que la cegua se lanzó hacia el breñal, había gran cantidad de pelos blancos como de cabro, así como grandes mechas negras de crin de bestia.

Como el acceso hacia el breñal era difícil, se comenzó a buscar huellas a lo largo del cerco de piedras camino abajo. A unas 200 varas, en dirección a donde había cantado el pájaro la noche anterior, el breñal disminuía para dar paso a un potrero que tenía el pastizal bastante tupido el cual llegaba hasta la rodilla. En el centro del potrero se encontró apisonado gran parte del pastizal y nuevamente gran cantidad de mechones de pelo blanco y crines largas negras. Aparte de eso, no se encontró huellas ni rastros de la bestia por ningún otro lugar.

Meses después de ese suceso, la Rumalda mandó a llamar a mi tío para que llegara a su casa. El le comentó tal petición a mis Padres. Mi Madre quien era su hermana le aconsejaba no ir porque pensaba que lo querían para hacerle algún mal o para matarlo. Mi Padre (su cuñado) pensaba diferente y le aconsejó presentarse, ya que si querían hacerle algún mal ya se lo hubieran hecho y si en el peor de los casos querían matarlo pues la familia no se quedaría con los brazos cruzados. Mi tío se presentó a la cita y tiempo después se reconcilio totalmente con la Rumalda y se fue a vivir a la casa de ella.

El tiempo fue pasando y el asunto de la tirada de la cegüa no se volvió a comentar hasta que un tiempo después, el Dr. Gabriel Cifuentes, quien vivía en la ciudad de Jinotega, le preguntó a una muchacha llamada Ubalda que trabajaba para él lo siguiente:
- Ve, vos chavala, vos que vivís por ahí por La Cal, contame, no sabés si todavía vive la Juana Sobalvarro?
- Si doctor, por qué lo preguntá?
- Es que hace tiempo ella vino aquí para que la atendiera por que tenía un bala metida en la rodilla y no supe al final quien fue quien la baleó.
Ubalda, no le comentó nada al doctor sobre eso, pero ella sabía muy bien de que se trataba ya que ella era mi tía, hermana de Juan Centeno."

Esta historia es verídica, según la narra el Señor Jaime Jesús Centeno Centeno quien fue testigo de este suceso. Los personajes son también reales, por supuesto:

Clemente Centeno Blandón: Hermano de Jerónimo Centeno (Padre de Jaime Jesús) y esposo de Juana Sobalvarro
Juana Sobalvarro : Presunta cegüa, mamá de Rumalda y suegra de Juan Centeno
Juan Centeno Blandón : Hermano de Ubalda y Valeriana del Carmen (Madre de Jaime Jesús), y esposo de Rumalda (hija de Juana Sobalvarro)
Rumalda : Hija de Juana Sobalvarro y esposa de Juan Centeno (tirador de cegua)



(Versión tomada directamente de Waldemar Centeno Díaz, para Martha Isabel Arana - 2005)

sábado, noviembre 07, 2009

El árbol lleno de duendes


"Ligia Prado es una joven de 30 años, pero todavía recuerda como si fuera hoy, la experiencia que vivió cuando apenas tenía 7 años. 
Cerca de la casa de Ligia había un árbol hermoso y a ella le encantaba jugar en ese lugar, porque no tenía amiguitos con los que pudiera divertirse. Pero un día ocurrió algo extraordinario: pequeños niños comenzaron a salir de un hueco gigantesco que se encontraba debajo del árbol y la invitaron a jugar. '¡Ven niña, esto es divertido!', esas palabras siempre están presentes en su mente.
Pero la situación no finalizó de esa manera, porque a cada instante ellos la buscaban en ese sitio, y lo más inolvidable también los tiernos.


'Cuando los vi por primera vez pensé que eran juguetes o niños que habían nacido pequeños, pero me sorprendió cuando me enseñaron unas monedas muy grandes que tenían un brillo único, como si observaras las pepas de oro', aseguró la joven.


Ligia nunca se acercó, porque los duendes le habían ofrecido ese dinero para que ella se metiera en el hueco del árbol, y en ese momento sintió un temor profundo que la estremeció, pero su madre le ayudó a superar el problema."
Fragmento tomado de "Aquí mucha gente los ha visto" escrito por Silvia Elena Carrillo/ END, 27 de noviembre de 2003.



Foto/Photo: "En alas de un perfume aún se remonta un sueño" óleo sobre tela del pintor jinotegano Mauricio Rizo.

martes, agosto 11, 2009

Fin de semana en Las Peñitas



"Una mañana de sábado mi amiga Eva me llamó por teléfono para invitarme a pasar un fin de semana en su casa de las peñitas, yo muy contenta y entusiasmada acepté la invitación sin antes pedir permiso a mi Mamá. Cuando llegó la hora de la partida, mi Madre no me permitió ir a dicho paseo "De fin de semana". Así que ni modo; por más de rogar y suplicar para que me dejaran ir al mar no se me concedieron mis deseos.

Me contó mi amiga Eva que llegaron a su destino tal y como lo habían previsto. Pasaron todo el día del sábado comiendo pescado frito y disfrutando de las olas del mar hasta que llego la noche y cansados todos se fueron retirando a sus habitaciones a descansar.


Al llegar la madrugada, Eva se despertó a causa del calor; sofocada decidió salir un rato al corredor de la casa para tomar un poco de aire fresco. Estando sentada en el corredor, en una silla mecedora disfrutando de la brisa del mar vio que a lo lejos de la costa divisaba una silueta de una mujer la cual su cara le resultaba bastante familiar; la mujer se encontraba sentada en una lancha flotante a las orillas de la costa. Curiosamente decido ir a disipar su duda y camino rumbo a la costa no perdiendo de vista el bulto que se le presentaba cada vez más cerca ante sus ojos. Para su mayor sorpresa cuando llegó por fin hasta la lancha flotante se encontró con que el bulto había desaparecido ante sus propios ojos. Se quedó inmóvil y no podía creer que eso le estuviese pasando a ella, se sacudió y llego a pensar que a lo mejor se trataba de un sueño. Al darse cuenta que no lo era, como pudo se echó a correr y salió despavorida hacia la casa del mar asustada, pálida, sin habla entró a la casa y como pudo les contó a todos lo sucedido. A esa hora incrédulos los muchachos varones salieron a buscar a la costa del mar a la Mujer misteriosa sin encontrar rastro alguno con ningún rasgo que se le pareciera. A la misma vez cuando regresaron de la búsqueda, se encontraron con que Eva estaba hirviendo con temperatura y casi hasta había perdido el habla; ya asustados decidieron regresarse a la Ciudad de León.

"Ahora digo", ¡Menos mal que yo no fui, si no quizás el cuento sería otro!"

Historia escrita por Patricia Salazar y recopilada por Martha Isabel Arana, agosto 11, 2009


El venado grande de la Laguna de Masaya

 "Dicen los viejitos pescadores que viven en los aledaños a la laguna de Masaya que el Viernes Santo sale, a la orilla de la costa de la laguna, el diablo convertido en un gran venado con grandes cachos y echando fuego por los ojos. Contaba don Juan Galán que cuando andaba en su balsa pescando en la laguna a eso de las dos de la mañana, vio un venado grande con los ojos vidriosos en la costa de la laguna, preparó su arma y le hizo dos disparos, lo vio caer y llegó al lugar donde había caído el animal y no había rastros del mismo.



De nuevo don Galán se adentró en la laguna, al rato de estar ahí vio de nuevo al venado, esta vez más grande, como del tamaño de un buey; preparó nuevamente su rifle y le disparó dos balazos y lo vio caer, pero esta vez se acercó con mucho miedo, rezó y se encomendó a Dios, llegó donde había caído el animal y su sorpresa fue grande pues no había rastro del tal venado. Perdió el conocimiento y unos pescadores lo encontraron en su balsa en medio de la laguna, posteriormente exclamaba don Juan ¡Es el diablo el que me salió!, ¡Es el diablo el que sale ¡ahí!."

Fragmento tomado de Anécdotas de Semana Santa en Masaya Escrito por Bayardo Ortiz Pérez, profesor folclorólogo.  El Nuevo Diario.
Foto:  TravelPod




domingo, julio 26, 2009

La leyenda de la Carreta Nagua (en video)

La leyenda de la Carreta Nagua, tomada del sitio Manfut.org, con la voz del Señor Eduardo Manfut.

La leyenda de la Mocuana (en video)

(en La leyenda de la Mocuana, tomada del sitio Manfut.org, con la voz del Señor Eduardo Manfut.

La leyenda del Cadejo (en video)

Felicidades al sitio Manfut.org por su iniciativa de dar a conocer nuestras leyendas a través de Youtube!

domingo, marzo 01, 2009

La manada de yeguas de Comalapa

"Una leyenda que todo poblador conoce y afirma que no es cuento sino verdad, es que a principios del siglo pasado XX, desde el cerro de La Cruz, ubicado frente al poblado, bajaba una manada de yeguas en celo a relinchar en la plaza, ubicada frente a la antigua iglesia. 
 
Se dice que eran las brujas de la comunidad de San Francisco que llegaban para verse con sus amantes. 

 

Pero un día de tantos, el cura párroco del pueblo subió con un grupo de feligreses a poner tres cruces en lo alto del cerro para que se calmaran las bestias.
Desde entonces ya no bajan al pueblo las yeguas, aunque algunos trasnochadores aseguran que a veces escuchan a lo lejos el relincho de las famosas potrancas."

Fragmento de "Comalapa, pueblo de leyendas y personajes"
Orlando Valenzuela - La Prensa 

miércoles, febrero 18, 2009

El ahorcado del peñasco





"Hace muchos años en el camino viejo que va de La Concha a Masaya venían unos músicos de tocar en la procesión del Santo Entierro, un Viernes Santo; se dirigían en carreta a medianoche y al pasar por un peñasco grande que estaba en el camino divisaron un hombre colgado de un árbol con la vestimenta del tiempo de los romanos y judíos, y les llamó mucho la atención que el hombre forcejaba con su cuerpo, se meneaba y se quejaba colgado del cuello como si se estuviera ahorcando; decidieron ir a salvarlo y cuando subieron al gran peñasco el hombre y el árbol ya no estaban ahí, exclamando todos con miedo ese hombre que vimos colgando era Judas, el que vendió a Jesús."


Fragmento tomado de Anécdotas de Semana Santa
Escrito por Bayardo Ortiz Pérez - El Nuevo Diario
9 de abril de 2011


Foto: NicaraguaLiving

martes, febrero 10, 2009

La Peña del Tigre

Según la leyenda colonial, publicada en 1956 por Gustavo A. Prado, doña Inés, hija del Almirante Real y Gobernador don Tomás Marcos Duque de Estrada, se casaría con el Alférez Real don Alonso Mexía. Mientras el sacerdote desarrollaba el ritual eclesiástico, apareció a caballo con un grupo de enmascarados, otro enamorado de la joven: don Álvaro Reyes de Cifuentes. 

El pretendiente irrumpió hasta el altar, tomó por la cintura a doña Inés y espada en mano se abrió paso hasta la calle, donde el galope desapareció con dirección al poniente. Seis jinetes perseguían a los raptores. Don Álvaro desvió la ruta internándose a los llanos. Extraviado llegó hasta el mar, donde divisó una enorme peña, en la cual se estrellaban las olas del mar. 

Hizo su lecho en una cueva en la roca y a medianoche, un tigre que regresaba después de realizar sus andanzas rutinarias, encontró huéspedes no invitados, que se convirtieron en su alimento. 

Las osamentas y ropas de ambos fueron encontrados al día siguiente por el padre de la novia. Desde entonces, la enorme roca es conocida como: La Peña del Tigre. 


Tomado de La Prensa - 6 de abril de 2003