miércoles, diciembre 28, 2011

Jinotepe


Jinotepe, mi querido pueblo,
 Lo amo tanto, que al pensar en él de emoción tiemblo!
Pero también quiero a otros poblados de Nicaragua,
Pues no puedo limitar mi amor, como si me cubriera una piragua.

Me gusta el clima, las calles cortas y su parque,
Aunque ya no tenga  agua su estanque.
Recuerdo el día en que me fui en esa pileta de agua,
Sentí que me iba en los guindos del crucero a Managua,
Pronto lo olvidé, tenía  solo cinco años,  
Medía tan poco, que ni alcanzaba los caños,
Sí! Era gordo y chaparro,
 Unos me decían que parecía  guijarro,
Pero a pesar de eso era feliz,
Brincaba de un lado a otro como codorniz,

En el parque también había un perezoso,
Era una especie de pequeño oso,
Vagaba entre las ramas,
Moviéndose lentamente, como  telas de lanas,
Recuerdo también a los zanates,
Eran negros cual primates,
Volaban y cantaban haciendo círculos en el aire,
como si mostraran a alguien un desaire,
Y los gorriones, graciosos  y juguetones,
 entre las bancas se miraban como grandes botones,
Y en frente su Iglesia Santiago,
Erguida  sin importar si el día era aciago,
A veces sus gradas blancas subía y bajaba,
Rápidamente mientras me carcajeaba.
Esos recuerdos me vienen esta noche a la mente,
En que escribo estas frases como si en el tiempo hubiera un puente,
Imágenes de una niñez gozosa,
Que hoy las comparto con ustedes, sin importar que estén aquí o en Zaragoza.

Jinotepinos del mundo,
Nunca estén triste por no comer vaho  donde Mundo!,
Mejor den gracias al cielo,
Porque nacieron en este fresco suelo,
Que en un tiempo fuera tierra de cafetales,
Guayabas, mandarinas y árboles maderables.

Hoy muchas de esas cosas ya son parte del pasado
Pues la ciudad ha crecido, por cualquier lado,
Pero mejor paro de escribir,
Porque ya es de noche y ustedes deben dormir. 

 Escrito de William Ampié Silva.